El (gran) comienzo de la saga Misión Imposible


El estreno este próximo viernes de Misión Imposible: Nación Secreta me ha dado la excusa para repasar todas las pelis de Mision Imposible, algunas de buen recuerdo, otras no tanto, y otra que ni me acordaba y ha supuesto una muy agradable sorpresa. Las misiones de Ethan Hunt para el IMF, creado por Bruce Geller para la television, comenzaron en 1996 en la gran pantalla, de la mano de Brian De Palma. Desde entonces, el más imposible mejor, ha dominado la saga. Bueno, eso y la megalomanía de Tom Cruise.

Misión Imposible, que tiene la friolera ya de casi 20 años (y me acuerdo como si fuese ayer de cuando la vi en el cine), ha envejecido bastante bien, salvo por la tecnología, claro. Con un gran reparto, con Tom Cruise como Ethan Hunt a la cabeza, acompañado de Jon Voight, Emmanuelle Béart, Jean Reno, Kristin Scott Thomas, Henry Czerny, Emilio Estevez, Ving Rhames (el único que se ha mantenido en toda la saga junto con Cruise) y una espectacular Vanessa Redgrave dando vida a Max, uno de los mejores personajes de la película, M:I estuvo a la altura de la jaip expectativa que levantó. Un director de la talla de Brian De Palma al mando (Los Intocables de Eliot Ness, Carrie, El Precio del Poder, bueno, poco más que decir), la producción de una estrella (en su momento) como Tom Cruise, y un presupuesto elevado, bien gastado como luego se pudo comprobar. El resultado, una pequeña obra maestra dentro del mundo del cine de acción, que sentó las bases del más imposible todavía, con escenas trepidantes y que te dejan sin respiración, un montaje eléctrico y una escena para la memoria cinematogáfica colectiva y para el olimpo del cine: el asalto al ordenador de Langley.

El guión es una maravilla, digno de las grandes películas de espías. Y como buena peli de espías, la acción se desarrolla en diferentes escenarios, USA, Francia, Londres o Praga, lugares propicios para los juegos de engaños entre espías. Pero lo que más destaca de M:I, su marca personal, es el tema de las máscaras para hacerse pasar por otras personas, a la que se le saca mucho partido en la película, y que a lo largo de la saga cinematográfica se iría puliendo (hasta saber incluso cómo se fabrican).

No es de extrañar que el resultado fuese tan espectacular. Y es que 20 años después, ves los créditos del staff técnico de la película y reconoces nombres que forman ya parte de lo más granado de Hollywood, tales como el propio De Palma, Steven Zaillian y David Koepp como guionistas o John Knoll como responsable de efectos visuales. Ellos son responsables de escenas ya míticas como el asalto al ordenador de Langley, una virguería de montaje, diseño e interpretación (que recuerdo me mantuvo pegado a la butaca del cine) o el desenlace a todo trapo en el TGV, rodado de una manera difícilmente superable, y que supuso mi primer salto de la butaca (de dos únicas veces) alzando los brazos y gritando: ¡¡¡vamooooos!!! (reconozco que la segunda fue cuando llega Optimus Prime a salvar la pelea final en Transformers).

Misión Imposible puso unas brillantes bases para futuras entregas de la saga, como asi fue. Cuatro años más tarde llegaría John Woo y su peculiar visión del cine de acción (palomas incluidas) para hacer la entrega más taquillera en USA de las misiones de Ethan Hunt. Pero eso para otro momento.

¡¡¡Luz Roja!!! ¡¡¡Luz Verde!!!

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