Ridley Scott: La esencia del Doppelgänger


Doppelgänger es un vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico de una persona viva. El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al “gemelo malvado”. Wikipedia dixit.

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Con motivo del estreno de Marte, he aprovechado el tirón para hacer un pequeño gran repaso de la filmografía de su director, Ridley Scott, responsable de algunas de las películas más grandes del cine actual, con filmes que se han convertido en clásicos, películas de culto o iconos de la imaginería colectiva de nuestra sociedad cinéfila, y como consecuencia, uno de los grandes culpables de mi pasión por el cine y del movimiento Sincriterion por el que se rige mi vida cinematográfica.

Y es que el término Doppelgänger le va como anillo al dedo al bueno de Ridley, ya que el término aparece en varias obras literarias de ciencia ficción y literatura fantástica, dos de los géneros en los que el director anglosajón  ha destacado sobremanera. Solo hay que ver Alien, Blade Runner o Legend. Pero mejor, vayamos por partes.

Se forja el Mito (si con mayúsculas)

Proveniente, como muchos otros de sus colegas de profesión, del mundo de la publicidad, tras un debut prometedor con Los Duelistas (1977), pronto ganó fama mundial con sus dos siguientes proyectos: Alien, El Octavo Pasajero y Blade Runner. Qué se puede decir de ambas películas. Con Alien redefinió el cine de terror del momento, sentando las futuras bases del género, esto es, ambientes claustrofóbicos, sin posibilidad de huida, un solo escenario del que no se puede escapar, una figura maligna a la que apenas se la ve pero que siempre está presente, planos cerrados, escasa iluminación, personajes con sus propias motivaciones, un gran montaje, efectos y la figura del androide maligno. ¿Qué más se puede pedir? ¿Marines armados hasta los dientes? (gracias James Cameron). Lo cierto es que mucha culpa del éxito de la película fue el diseño de producción y la imaginería de H.R. Giger y su xenomorfo. Todo en ella rezuma originalidad, tensión, imaginación por los cuatro costados. Sin duda, una de las primeras pelis (y de las pocas) que lograron acojonarme de verdad.

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Superar Alien era complicado. La ciencia ficción estaba en auge con 2001: Una Odisea del Espacio, Star Trek, La Guerra de las Galaxias, ET, la propia Alien. Sin embargo, rodó la que para muchos es la película perfecta de ciencia ficción, con permiso de 2001 (y su actualización moderna Interstellar): Blade Runner. Inspirada en la novela Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas, del maestro Philip K. Dick, de nuevo los ambientes claustrofóbicos lo dominan todo, una fuerza visual pocas veces vista en una película, una banda sonora que te transporta desde la primera apertura de la lira. Un ojo que refleja las llamas de una fábrica: Los Angeles, noviembre de 2019. Cyberpunk más puro y duro del que puedas imaginar y directa a ser película de culto, y eso que tuvo malas críticas y poca aceptación de público… Y luego se desarrolla sola con sus personajes: Replicantes, pellejudos, policías Blade Runners, grandes empresarios jugando a ser Dios. Hablar de Blade Runner es hablar de ciencia ficción en estado puro, de cine en estado puro, de sentarte en una butaca y no querer levantarte, sin duda merece un artículo aparte.

Pero también es hablar del atisbo del doppelgänger de Scott, ya que con Blade Runner, el amigo Ridley inventó el Director’s Cut, y sentó las bases de la aparición del doppelgänger. Y es que hay hasta siete versiones de la misma, en las que el final incluso cambia. ¿Es Deckard un replicante? ¿No? Con voz en off o no al final. Con unicornio o sin él. De todas las clases posibles. Al final, la que se quedó como oficial fue la versión del 2008, The Final Cut. La megalomanía de Ridley Scott empezaba a notarse.

Y empezaba a aparecer en pantalla. Tras dos obras maestras del cine de acción y del buddy movie, Black Rain (una de mis películas favoritas, con Yakuzas y con un pobrecin Andy Garcia) y Thelma & Louise (buddy movie femenina con un final increíble), tuvo un periodo confuso con cintas como Marea Blanca y La Teniente O’Neill, hasta que en 2000 estrenó la película que le encumbró como creador de iconos: Gladiator, sin duda a la altura de Alien y Blade Runner. Se trata de una gran película, sin paleativos, con grandes interpretaciones, un buen guión, grandes decorados y efectos especiales, un montaje impresionante, un gran Russell Crowe que le valió un Oscar, y una banda sonora de Hans Zimmer que retumba en los oídos de todos los adictos a las bandas sonoras y un premio Oscar a la mejor película del año 2000.

La fuerza visual de Ridley Scott es y será incontestable. Como muchos colegas de profesión le catalogan, es un genio visual. Y es cierto. En todos sus planos, muy estudiados, pasan muchas cosas, se cuentan muchas cosas, hay muchas composiciones diferentes y muchos colores diferentes. Sabe sacar lo mejor de los actores con los que trabaja (Michael Douglas, Harrison Ford, Sigourney Weaver, Russell Crowe, Denzel Washington o Giannina Facio, su mujer) y eso hace que sus películas (las buenas) sean intensas y conectes con ellas. Su doppelgänger es todo lo contrario, pasa de todo, de desconecta de la historia (Un Buen Año, Exodus) o no sabe donde está ni que contar (Matchstick Men, El Consejero).

La esencia del doppelgänger: El Reino de los Cielos

Tal es el nivel de bipolaridad de Ridley Scott que tiene un ejemplo clarísimo de esa lucha entre las dos personalidades. En el caso de El Reino de los Cielos, la versión estrenada en salas es del doppelgänger, con sus marcas de identidad: visualmente imponente, pero sin conexión, con lagunas muy importantes en el desarrollo y personajes incomprendidos. Pero debe ser que Ridley Scott, tras cortarse cuando se afeitaba tuvo una epifanía. Pensó voy a hacer el Director’s Cut del Doppelgänger. Y la versión que salió es una de sus mejores obras, comprensible, con los personajes más desarrollados y teniendo claro lo que quiere contar. Rizó el rizo, en la misma película, tenemos a los dos caracteres, a los dos protagonistas de la carrera cinematográfica de Ridley Scott.

Pero es que luego, te coge y te hace American Gangster, un peliculón como la copa de un pino, gracias sobre todo a Denzel Washington y Russell Crowe. Y vuelves a recobrar la fe en Ridley. Pero es que, cuando lo haces, te calza Prometheus (pasando sin pena ni gloria por Robin Hood, que me gusta mucho, y por Red de Mentiras) y te jode un mito como Alien (y que seguirá jodiendo con la confirmada Alien: Paradise Lost), por mucha potencia visual que tenga. Yo siempre me convencía diciéndome a mi mismo: te puede gustar más o menos la historia que cuente, pero puedes estar tranquilo que la película será buena y muy bien hecha. Prometheus me jodió esa frase.

Ahora vuelve con Marte. Vuelve a la ciencia ficción, terreno donde ha alcanzado su más que merecido puesto en la Historia del cine (al César lo que es del César), pero también al género en el que su doppelgänger más daño le ha hecho con PrometheusTengo esperanzas, muchas esperanzas de que este sea el retorno, como parece que dicen las críticas, del Ridley Scott bueno. Si es así, eso significa que el dopplegänger seguirá jodiendo Alien, con Paradise Lost.

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Y eso es muy mala noticia. Muy, muy mala.

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5 comentarios en “Ridley Scott: La esencia del Doppelgänger

  1. Fantástico artículo. Enhorabuena. Salvo por equiparar 2001 con su versión “para todos los públicos”, Interstellar y dejarte en el tintero una de, en mi opinión, sus pelis más competentes: Black Hawk Down.

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    • Jajaa! No he equiparado, he dicho que Interstellar es la actualización de 2001 jajaa! Lo de Black Hawk Down, estoy de acuerdo, es una de mis favoritas también, pero no la terminó su doppelganger, sino que fue Jerry Bruckheimer, que incluso se puso detrás de la cámara! Asias Buja!!

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