El Niño y La Bestia: el arte de las relaciones y el amor


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El Niño y la Bestia llena de fantasía la cartelera de cine este próximo viernes en España, casi un año más tarde que su estreno en Japón. La nueva película de anime del director y guionista japonés Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo), cuenta la historia de Ren, o Kyuta según la parte de la historia en la que estés. Kyuta es un niño solitario que vive en Tokio y Kumatetsu es una criatura sobrenatural aislada en un mundo imaginario que necesita un aprendiz para poder optar al título de señor de su ciudad (Apunte curioso/gracioso: los animales de esta película tienen más músculos que Cristiano Ronaldo). Un día el niño cruza la frontera al mundo imaginario y entabla amistad con Kumatetsu, que se convierte en su amigo y guía espiritual. Este encuentro los llevará a multitud de aventuras. El Niño y la Bestia ha ido cosechando mucho éxito durante este año pasado: premios, merchandising y una serie de manga que tiene el mismo éxito.

La animación Mamoru Hosoda en esta película, si bien está muy bien hecha, no es el estilo que más me gusta, ya que no lo encuentro muy llamativo, y es que a veces me ha recordado un poco a la animación 2D americana en vez de a los dibujos de otras de sus películas, en las que la animación técnicamente es mejor, como Digimon: La Película. La cinta cuenta con unos planos, casi siempre generales y bastante estáticos, que me han sorprendido por su buena composición. Por otro lado, las transiciones, aunque bruscas entre planos y escenas mantienen el buen ritmo de la película, a lo que se le junta la modificación de algunas fotos reales para convertirlas en anime, lo que me ha parecido muy curioso. La película está llena de color y de luz para causar más efecto en la audiencia, lo que creo que ha funcionado muy bien, igual que los pelajes tan detallados de muchos de los animales más protagonistas y las expresiones faciales de los personajes, que también está muy logradas, con un nivel de detallismo pocas veces logrado en películas de animación tradicional. Pero es la banda sonora y la creatividad de la película lo que más me ha gustado del apartado técnico: la música no hace más que aumentar las emociones gracias a un montaje de sonido espectacular. Sin duda, lo mejor de la película.

Otro de los elementos favoritos de El Niño y la Bestia son los personajes, todos… o casi todos, vamos. La evidente falta de química entre el maestro oso Kumatetsu y el pupilo humano Ren/Kyuta es desternillante a más no poder. Ambos son cabezotas con ganas, están enfadados con el mundo y son completamente incapaces de evitar gritarse e insultarse el uno al otro. Su relación solo puede ser descrita como antagónica, combinada con una negativa a rendirse al otro. Pero eso sí, entre todas las discusiones y entre todo el griterío, la verdad y el respeto mutuo acaban siendo las bases de su especial amistad, aunque ninguno fuera a admitirlo mientras vivieran. Sus peleas diarias siempre tienen público, un cerdo-monje muy agradable y positivo y un mono muy sarcástico, además de una bolita de pelo blanca muy mona que siempre va escondida en el pelo de Kyuta. Las voces siempre han sido una de las cosas que más me gustan de los animes: las exageraciones de los dobladores con sus personajes y el idioma japonés tienen algo que me gusta desde que vi mi primer anime en japonés. Y en El Niño y La Bestia, las voces hacen que muchas escenas sean mucho más graciosas o, como en las escenas iniciales, un cuento parezca mucho más épico.

Creo que solo con saber que Mamoru Hosoda ha hecho dos películas de Digimon (que es y siempre será mejor que Pokémon y todos lo sabemos), ya entraba con más a ganas a ver su nueva película, pero no le hacía falta esa fama para que saliera de la sala contenta, pues la magia y la relación de los protagonistas son suficientes para que El Niño y la Bestia sea una película que merece mucho la pena ir a verla. El filme de Mamoru Hosoda sorprende, está llena de magia y fantasía, y cuyos personajes están muy bien definidos y son la base fundamental de la película. La animación, la música y los colores ayudan a que la historia sea bonita, graciosa y que directa, en ningún momento pesada. Todo esto se mezcla con un par de metáforas rarunas, pero estamos hablando de anime… aquí todo vale. Muy recomendable, aunque probablemente guste más a adolescentes o a fanáticos del anime.

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