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  • Vengadores: Infinity War. La montaña rusa de Marvel

    IMG_20160127_185808Amigos marvelitas. Los Vengadores ya están aquí, y han llegado a nuestras pantallas de cine por la puerta grande. Muy grande. Vengadores: Infinity War es la primera parte del culmen de todo el Universo Cinematográfico de Marvel, es la razón de ser de 10 años de mejores o peores películas, que comenzaron allá por 2008 con Iron Man, y que culminará con el estreno de la continuacion de Infinity War, allá por mayo de 2019. Para cuando llegue ese dia, 3 fases después, el mega proyecto de Marvel, el dominio de las salas de cine por parte de Disney será total. Triunfo sin paleativos y sin posibilidad de debate en contra. Jaque mate.

    Vengadores: Infinity War nos trae a todos los superhéroes que hemos visto a lo largo de las 3 fases de Marvel. Bueno, todos no. Ant-Man y Hawkeye no se darán cita en esta ocasión, pero seguro que les veremos en la secuela. En esta ocasión, los Vengadores se reunirán para combatir a la amenaza llamada Thanos, que como os podéis imaginar, tiene la super original intención de destruir la Tierra. Bueno, no, tan solo la mitad, modus operandi del Titán Loco. Los Guardianes de la Galaxia, los ex agentes de la acabada S.H.I.E.L.D, el asgardiano, Tony Stark, el maestro de las artes místicas, Spider-Man y compañía, intentarán evitar que Thanos se haga con las 6 Gemas del Infinito y convertirse en el ser más poderoso (y genocida) del Universo, capaz de aniquilar la mitad de la población con el chasquido de sus dedos.

    Tras la decepción de La Era de Ultrón, de la mano de Joss Whedon, había muchas esperanzas con la nueva entrega de los Vengadoras cuando el proyecto acabó en manos de los hermanos Russo, directores de dos de las mejores entregas del MCU, las dos últimas películas del Capitán América: El Soldado de Invierno y Civil War, esta última una especie adelanto de los Vengadores, que puso las bases de lo que es Infinity War. Los Russo consiguieron crear, tanto en aquellas como en esta nueva entrega, un equilibrio fantástico entre acción (con unas escenas muy logradas y muy bien coreografiadas), comedia (muy endogámica, como siempre, pero que funciona muy bien, y que Rian Johnson ha querido tomar prestado para esa cosa infame llamada Los Últimos Jedi) y drama (todas sus pelis del MCU tienen momentos bastante dramáticos que afectan al desarrollo de la trama y del Universo en si). Estos tres aspectos son tres constantes que no solo aparecen en las cintas de los Russo, sino que se mantienen en todo el MCU, y tienen su apogeo en esta entrega de los Vengadores.

    Cuando compras una entrada para ver Vengadores: Infinity War, estás comprando un boleto para subirte en la montaña russa de los Russo (malísimo, lo se… Sorry). Durante las casi 3 horas de duración, vamos a reir con el humor ya característico de la saga, con protagonismo en este sentido de Peter Quill (Chris Pratt) para variar, pero sobre todo con Drax (Dave Bautista), el roba escenas de la película. Subiremos hasta la cúspide de la acción, con Thor (Chris Hemsworth), Iron Man (Robert Downey Jr.) y el Capitán América (Chris Evans) como abanderados, y es que la película no engaña a nadie, y desde que comienza hasta que acaba, seremos testigos de incontables batallas, con apariciones de personajes que hacen levantarte de la butaca con ganas de aplaudir por lo épico de sus apariciones (dos veces). Y también descenderemos la pendiente de la parte dramática, en esta ocasión gracias a Thanos, por fin un personaje malvado a la altura del MCU, algo muy criticado en todas sus películas. Y eso sí que es una novedad.

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    Sería injusto no dedicarle unas líneas al personaje de Thanos, que bien se las merece. A pesar de que no haya tenido muchas apariciones a lo largo del MCU, salvo en escenas postcréditos y unos minutos en Guardianes de la Galaxia, el Titán Loco se convierte en el centro de la película, no sólo por ser el antagonista principal, sino por su construcción como personaje, ya que es quien aporta toda la vertiente dramática de la película. Suya es la línea argumental más interesante de la cinta, línea que sorprenderá a más de uno y que, cinematográficamente, es acongojante. Y mucha culpa la tiene el CGI y cómo está hecho el personaje, ya que en muchos momentos se te olvida que no es un personaje real, y sorprende el realismo de su factura. Y por cierto, una mención más que merecida también para el personaje de Peter Dinklage, que se mantuvo en secreto y una vez vista la película, se entiende por qué. Memorable.

    Y hablo de las líneas narrativas, así, muy en plural, ya que una de las consecuencias de que se junten tantos personajes en una película es que sea necesario crear diferentes líneas argumentales en diferentes lugares, para dar cabida a todos los miembros de los Vengadores. Y puede suponer un problema, sobre todo cuando en cada espacio hay batallas a diestro y siniestro. Puede costar un poco seguir el ritmo, puedes acabar extasiado de tanto cambio entre lineas, y ahí el montaje debe ser excepcional, y en este caso, no lo es del todo. No es que sea malo, pero tampoco es lo suficientemente preciso para enlazar lugares, argumentos y personajes diferentes. Así, te puedes encontrar con cortes muy rápidos en mitad de escenas intensas, aunque posteriormente, su resolución tengan una presentacion muy épica. No nos engañemos, el resultado final es espectacular, pero un poco deslavazado. Y por cierto, seguramente dejen para la secuela el plano con todos los protagonistas juntos, objeto de deseo de todos los amantes del MCU, que son muchos a lo largo de estos 10 años.

    Obviamente, otra de las consecuencias de tantos personajes es que algunos tengan muy pocos minutos en pantalla, como es el caso de Black Widow (Scarlett Johansson), Nébula (Karen Gillan), War Machine (Don Cheadle) o Falcon (Anthony Mackie), que pasan a ser muy secundarios, en beneficio de Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen) y Vision (Paul Bettany), cuya línea argumental es, para mi, la peor de la película y muy metida con calzador. Lo que está claro es que la Trinidad de MCU son Capitán América, Thor y Iron Man, seguidos a distancia por el nuevo Peter Parker encarnado por Tom Holland (una de las mejores cosas que le ha pasado en MCU), Bruce Banner y su Hulk, y el más que sorprendente Doctor Strange (mucha culpa la tiene Benedict Cumberbatch), quien tiene alguno de los mejores momentos de la película, sobre todo en lo que a posturitas y gestos se refiere.

    En resumen, Vengadores: Infinity War es una montaña rusa de emociones, que pasa del humor al dramatismo, pasando por muchas dosis de acción, pero mucha. Se trata de un brillante ejercicio de puesta en escena de 10 años de trabajo por parte de Marvel, de películas a las que muchos tachan de infantiles y sin sustancia, pero que son muy entretenidas y que se consideran ya como un género propio. Sí, es cierto que muchas parecen calcos entre ellas, con la estructura típica del Periplo de Heroe de Campbell, pero que si se caracterizan de algo es que son entretenidas, cumpliendo con una de las finalidades del cine, el entretenimiento.

    Infinity War, en estos momentos la película más taquillera en el fin de semana de su estreno de la historia (630 millones de dólares en todo el mundo), es el primer paso hacia la culminación del proyecto más ambicioso de la Disney y Marvel, y casi de la historia del cine comercial. Es el propósito de esta última década desde el estreno de Iron Man, y cumple con creces y de manera brillante su cometido, a pesar de que por momentos podemos sentirnos abrumados por la cantidad de líneas argumentales, personajes y chistes. Y digo que es el primer paso puesto que, visto lo visto, el culmen de la milimétrica planificación del MCU y Disney en estos 10 años, se verá traducido en Avengers 4. Y solo queda un año para poder disfrutarlo. Hasta entonces, que disfrutéis de Vengadores: Infinity War.

  • Dunkerque. Un viaje sensorial hacia la supervivencia

    Por fin llega a nuestras pantallas la nueva película de Christopher Nolan Dunkerque, tras su particular actualización de 2001: Una odisea del espacio con Interstellar. En esta ocasión, el director británico nos traslada a la Segunda Guerra Mundial, en concreto a las playas de la ciudad costera francesa de Dunkerque, en las que quedaron atrapados en junio de 1940 casi 400.000 soldados británicos, franceses y belgas, bajo el ataque de las tropas nazis de Hitler. La película narra el desarrollo de la Operación Dinamo, o lo que es lo mismo, la evacuación urgente de los soldados allí atrapados, muchos de ellos gracias a casi mil embarcaciones pequeñas de civiles, movilizados para rescatarlos.

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    Para narrar la Operación Dinamo, Christopher Nolan pone el foco de la narración de Dunkerque en tres espacios físicos diferentes, pero que no comparten el mismo espacio temporal. Nolan retoma su obsesión por el tiempo, después de tratarlo de manera brillante en Interstellar, pero aquí lo perfecciona, haciendo de toda la cinta una suerte de teseracto como el que aparece en la última escena de la anterior película. El primero de los focos nos coloca en la playa, justo en el muelle que sirve de último paso para embarcar en los escasos barcos que llegan, y cuya acción transcurre en una semana; el segundo nos sitúa en la embarcación de Mark Rylance, representante de las casi mil embarcaciones que fueron en busca de los “hijos” atrapados en la playa, y cuya acción transcurre en un día; y el tercero nos coloca en la cabina de dos Spitfire, cuya misión es proteger a los soldados y embarcaciones de los ataques de los Stukas y los Heinkel desde el aire, y la acción se desarrolla en una hora. Tierra, mar y aire, con tiempos diferentes que representan la relativa sensación de velocidad de su transcurso en los sucesos que se desarrollan, y que por supuesto, convergen de manera magistral en un punto concreto, climax absoluto de la película, a pesar de que previamente cada una de las líneas argumentales tienen varios mini climax (muy típico de Nolan). Cuesta al principio habituarse a la estructura narrativa, pero el resultado es magistral.171291.jpg

    No solo ese aspecto convierte a Dunkerque en una película bélica diferente. De hecho, más que una película de guerra, se trata más de una película de supervivencia a contrarreloj, en la que el tiempo juega un papel fundamental en la velocidad, con la que el agobio y la desesperación nos invade. El aspecto más llamativo que Nolan usa para hacer Dunkerque diferente, es algo inaudito en el género bélico (insisto, aunque no la considere de ese género), esto es, la construcción de un relato de guerra en el que hay ausencia de héroes, enemigos visibles en pantalla, batallas encarnizadas y violencia, rompiendo con todas las normas maniqueístas establecidas en todo conflicto.

    A lo largo de todo el metraje, el más corto de las últimas películas de Nolan, no vemos ningún soldado nazi enemigo, no vemos ninguna esvástica. De hecho, ni siquiera distinguimos a los Stukas alemanes fácilmente, más allá del morro amarillo clásico (que por cierto, son Messerschmitt Bf-109E, pero los usaron para distinguirlos un poco más de los Spitfires). Pero tampoco hay héroes en el bando aliado, y el que hay no se le ve la cara hasta el plano final, que comparte con la figura de un soldado nazi desenfocado, única concesión (y poética) a esa visión clásica de buenos y malos en la guerra. Por no haber, no hay apenas nombres propios en los Aliados (solo el del héroe enmascarado), y es que para qué, ya que por no haber, no hay casi ni diálogos, salvo para reconocer que han sobrepasado las expectativas del rescate. Y eso, lo que consigue es reducir una película bélica a la supervivencia más cruda y a la agonía más intensa.

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    Nolan nos lanza a la playa de Dunkerque con el único propósito de llevarnos, a través de un viaje sensorial en formato audiovisual extraordinario, al mismo corazón de la desesperación, y logra que tengamos que pelear con nuestras escasas armas para escapar del terror y del precipicio que se nos propone en forma de playa y mar. Y lo hace sin concesiones. Las inmensas imágenes apabullantes que consigue con el formato IMAX y los 70 mm, se contradicen con la sensación de agobio provocado por los espacios cerrados, como el de la bodega de un barco encallado, o el muelle atestado de soldados que desesperan por entrar en un navío, o la claustrofobia de una cabina de los Spitfire.

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    Por su parte, el sonido se vuelve la principal arma de Nolan para encoger nuestros corazones, con un volumen por encima de lo normal, algo que ya probó en Interstellar. Los disparos de los cazas son tremendos, las explosiones de las bombas (apenas 4 o 5 en toda la película) retumban en la caja torácica, pero lo más aterrador es el sonido de los Stukas cayendo en picado, que hacen que el pánico que sienten los soldados en la playa traspase la pantalla y se cuele en tu corazón. Como viene siendo habitual en sus películas, los efectos de sonido están acompañados por una banda sonora desasosegante, con intencionada estridencia, machacona en cuanto a ritmos, inspirada en el tic tac de un reloj y que consigue que todo el sentimiento de agobio, desesperación e ir a contrarreloj, aumenten de manera exponencial.

    Y todo ello te empuja a un final emocionante, liberador como el vuelo sin motor del Spitfire, carente por fin de sonido alguno, rodeado de planos magníficos de inmensidad de playa vacía, que provoca sensación abrumadora de liberación, de final de toda la desesperación vivida como un golpe emocional. 

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    En definitiva, Dunkerque es una de las películas más influyentes, grande y a la vez intimista, que ha dado el cine moderno, un viaje emocional de los sentidos sin parangón en la historia del cine. Todos los amantes del séptimo arte vibramos con el comienzo de Salvar al Soldado Ryan y decíamos, esta es la mejor película bélica que hemos visto. Nolan ha reinventado el género, con un giro hacia la desesperación en sustitucion de la violencia, es decir, quitando la guerra en su discurso. Sí, Nolan será pretencioso, snob, resabido, pero es el gran director de esta época que vivimos ahora, diferente, arriesgado, controlador, perfeccionista y equilibrista, y así lo demuestra sobradamente en Dunkerque. El uso del IMAX, la fotografia de Hoyte van Hoytema, unidos desde Insterstellar tras separarse de Wally Pfister después de la trilogía de El Caballero Oscuro, el sonido y la conjunción de la banda sonora de Hans Zimmer con las imágenes y la emoción, la apenas aparición de CGI, los ojos asustados de Fionn Whitehead y la ausencia de buenos y malos, hacen que Dunkerque sea apabullante.

  • Batman v. Superman. El último engaño de Zack Snyder

    Antes de empezar a meterme en harina, quiero dejar claro que lo que voy a juzgar es la película. No conozco el comic (estoy en ello) en profundidad como para atreverme a juzgarla en función del mismo. No voy a hablar de lo bien que capta la esencia de la viñeta X que Frank Miller hizo en el 86. Ni siquiera voy a hablar de Marvel versus DC Comics, es una batalla editorial de la que no puedo opinar con total conocimiento de causa. Dicho eso, creo conocer los personajes de Superman y Batman, y haré esta reseña en base (como es normal) a mi especialita vision cinematografica, que aunque en momentos desviada, creo lo suficientemente acertada. ¡He dicho! Y si, habrá spoilers.

    batmanvsupermanEl pasado miércoles se estrenó en nuestro pais el bombazo que DC Comics y Warner tienen preparado para este año. Ni más ni menos que Batman v Superman, el murciélago de Gotham contra el último hijo de Krypton, o lo que es lo mismo, el debut de Ben Affleck como Bruce Wayne, contra Henry Cavill como Kal-El. Repite en la dirección Zack Snyder, quien además será el encargado de la dirección de La Liga de la Justicia, cuyo primer pasito es BvS, y para ello se apellida de El Amanecer de la Justicia. Para ello, nos presentan también a los que serán los componentes de la Liga: Aquaman (Jason Momoa), The Flash (Ezra Miller) y Cyborg (Ray Fisher), junto con Wonder Woman, interpretada por Gal Gadot, que tiene protagonismo en esta nueva entrega. Por lo pronto, la película se ha convertido en la película de Batman más taquillera de la historia en su primer fin de semana de estreno.

    El Amanecer de la Justicia retoma la destrucción final de El Hombre de Acero con un espectador de lujo: Bruce Wayne, momento en que el murciélago de Gotham decide que hay que eliminar a Superman por considerarle un peligro para la Humanidad. Ante el temor de las acciones que pueda llevar a cabo Superman (Henry Cavill), el vigilante de Gotham aparece para poner a raya al superhéroe de Metrópolis, mientras que la opinión pública debate cuál es realmente el héroe que necesitan. El hombre de acero y Batman (Ben Affleck) se sumergen en una contienda territorial, pero las cosas se complican cuando una nueva y peligrosa amenaza, ideada por Lex Luthor (Jesse Eisenberg) surge rápidamente,  poniendo en jaque la existencia de la humanidad.

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    Me vais a permitir que antes de machacar de dar mi opinión de la infame película crea necesario hacer una regresión hasta el punto de partida que propicia BvS, esto es El Caballero Oscuro (Christopher Nolan), hasta llegar a  El Hombre de Acero (Zack Snyder) y el punto en el que nos hayamos. Todo parte de la gran Trilogía de El Caballero Oscuro de Christopher Nolan, que supuso un giro en la industria del cine de superhéroes, ya que demostró que se podía hacer una trilogía sobre un superhéroe de mucha calidad, «serias», como se animaron a llamarlas, oscuras, con personajes turbios, decisiones morales reprobables y sus consecuencias, todo muy real y creíble a pesar de llevar capas. Lo que consiguió El Caballero Oscuro fue precisamente abrir camino, quizás cansados del man-of-steel-poster-henry-cavill.jpgbuenrollismo de Marvel, marca personal de las pelis de Disney (que no significa que eso sea malo). Pero se juntaron varios detalles: gran concepto, gran dirección, gran guión (David S. Goyer y Jonathan Nolan) y gran interpretación de Christian Bale. Y lo más importante, el personaje de Batman que, parafraseándole, era lo suficientemente fuerte para soportar ese peso, un superhéroe con un trasfondo mucho más interesante que el de Superman, con unos dilemas existenciales y unas lineas rojas muy difusas (es mi opinion, faltaria mas), con una moral muy gris por momentos. Pero en el gran éxito de la trilogía de Nolan, en que El Caballero Oscuro se haya convertido en una cinta de culto, se halla el gran problema de lo que ha venido posteriormente, el gran caballo de batalla de Warner y DC. Ahora es necesario hacer películas «serias» con todos sus superhéroes, y es que no todos entienden que la oscuridad o la película «seria» no vale para todos ellos. Desde luego que para Superman no, y se demostró en El Hombre de Acero, con Nolan como productor ejecutivo, pero en manos de un Zack Snyder desatado (que ya empezaba a engañarnos con Sucker Punch aunque a mi me guste y le defendiese), a la par que pretencioso visualmente. Y empezaron a llenar la película de frases lapidarias que esconden filosofía barata, con las constantes y más que evidentes referencias a Jesucristo que hasta mi sobrina de 9 años las entendería (como la infame escena en que baja a la Tierra en forma de cruz, tras hablar con el Padre Omnisciente que le convence de poder salvarlos a todos). Entre eso y el padre adoptivo de la criatura Jonathan Kant Kent (como bien lo bautizó un buen amigo), que cada vez que hablaba usaba la filosofía del buenismo para educar a su hijo, se confirmaba que la fórmula Nolan no era para el último hijo de Krypton. Y entonces llegó la destrucción, con ese último acto de orgía destructiva, algo que puso el grito en el cielo de mucha gente, así como la guinda del pastel con el «asesinato» del General Zod, tan a sangre fría e impropio de Superman, que me puso la carne de gallina la primera vez que lo vi. Ese es el derrotero que han tomado también con Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia, y solo funciona con Batman, pero tranquilos, en BvS las peleas se llevan a cabo en lugares deshabitados, se encargan de avisarlo.

    Una vez puestos en situación, Batman v Superman es un grandioso espectáculo, pero de los lamentables, de como arruinar lo que pudo ser una buena propuesta, de como tomar al espectador por tonto y de como gastarse mucha pasta en nada. Cierto es que no iba con expectativas, era de los que había criticado los trailers, no solo por contarnos la peli entera, sino porque rezumaba mala pinta y daban mala espina. El último de ellos dio algo de esperanza, pero fue gracias a Batman, que además es el que sostiene la película de principio a fin. La excesiva duración de la película (¿otra vez la muerte de los padres de Bruce Wayne? ¿En serio?) hace que la podamos dividir en dos partes claramente diferenciadas (igual que El Hombre de Acero). Una primera parte llena de tribulaciones ridículas de un Lex Luthor que se adueña de los diálogos más infames de la película, todo basado en aceptar a los nuevos dioses o no, en considerar a Superman un Dios o un Demonio, en cuestionar la bondad de la humanidad o de si ésta merece un Dios. De una manera estúpida hace que Batman y Superman se enfrenten en combate, aprovechando
    batman_v_superman_dawn_of_justice___poster_10_by_camw1n-d8sxkuf.jpg los sentimientos hacia las respectivas madres de los protagonistas.
    .. Bueno, todo sin pies ni cabeza y haciendo de algo estúpido una obra de ingeniería maquiavélica (pero que para muchos fanboys es algo súper inteligente y manipulador, ideado por un Lex Luthor inteligentísimo, que da miedo verle y que aterra… En fin, sin palabras…). A todo esto hay que añadirle escenas oníricas de Batman imaginando un futuro con un Superman malo, incluido policía pseudo nazi a su servicio. Todas y cada una de ellas están fuera de contexto, metidas con calzador para meter algo de acción durante esa primera hora y media en la que solo hay diálogos ridículos. En fin, todo profundidad y filosofía barata, sobre todo gracias a un Jesse Eisenberg que hace de su personaje Lex Luthor un esperpento. Me atrevo a decir que pocas veces he visto a un actor interpretar de manera tan ridícula, psicótica, histriónica un personaje. Lex Luthor posee las lineas de diálogos más lamentables de toda la película, con discursos infantiles sobre la moralidad de los actos y las analogías con los dioses, recubiertas con frases rimbombantes para sonar mazo de inteligente, para que todos los fanboys de mentes simples se crean que están viendo una película seria y profunda (y ojo, eso se lo dice él mismo a Lois Lane, toda una declaración de intenciones), todo ello rodeado de ruiditos, murmullos y tartamudeos. Gracias Zack Snyder por destrozar un personaje de esa manera, por querer tener tu propio Joker del gran Heath Ledger de manera tan zafia, ruin y lamentable.

    Tras la primera parte de este metraje tan gratuitamente aumentado y que no aporta nada de valor a la trama, pero si sirve para que insulten tu inteligencia porque te toman por idiota con el paso de los interminables minutos, nos invade el sentimiento de engaño y de hastío. Pero luego llega el momento de la segunda parte, segundo acto donde de nuevo se le da rienda suelta a Zack Snyder, con el combate que da título a la película… ¡una hora y media después de comenzar! Pero no contento con el lamentable detonante de la pelea, reduce la duración de la misma a  15 minutos de ná (eso si, bien hechos) y todo para dar paso a Wonder Woman y juntarse los tres (¡Oh sorpresa!), para hacer frente a uno de los malos más lamentables que haya conocido una super producción de estos calibres: Doomsday, una mezcla de el trol de las cavernas de El Señor de los Anillos y el Kraken de Furia de Titanes. A partir de ese momento la película se convierte en un pim pam pum en el que todo vale, con un montaje a velocidad ridícula, muy del gusto de Zack Snyder. Y hete aquí que llega la conclusión lógica infame-infantil, según el planteamiento de Snyder claro (OJO SPOILER DE LOS GORDOS): Si Superman es un Dios porque baja a la Tierra en forma de cruz, lleva 33 años vagando y le pusieron barba de pega, no puede suceder más que se sacrifique en pos de aquellos que le juzgan, de aquellos que también le veneran, para convertirse así en el salvador de la Humanidad (a pesar de que su madre le dice que no le debe nada a ese mundo, es decir, que si tiene que ser malo no pasa nada… Cojonudo), sea esta bondadosa pero con más motivo si no lo es. Con dos cojones. Así hago una película seria. Claro, a partir de ahí, todo esta muy bien hilado: estreno en Semana Santa, la Pasión de Superman y, tras un epílogo eterno, Bruce Wayne y Diana Prince inician la búsqueda de los miembros para la Liga de la Justicia, con la premonición psicótica de Jesse Ding Dong Eisenberg… Y claro, al tercer día, Cristo resucitó. En fin, lamentable (FIN DE LOS SPOILERS).

    Entre la insipidez de un Henry Cavill inexpresivo, al que además se le ha ido la mano con los anabolizantes para la película (en la escena del Senado no puede ni andar casi de lo hinchado que esta); El lamentable Jesse Eisenberg destrozando un personaje como Lex Luthor; Una Amy Adams que da vida a una Lois Lane que comienza la película queriendo ganar el Pulitzer y la termina como la damisela que hay que rescatarla de todos los peligros (nada mas y nada menos que 3 veces!! Y una en medio del combate con Doomsday!!), y que termina siendo el mcguffin de la peli; Una Gal Gadot como Wonder Woman, que está perfecta haciendo su trabajo en la vida real, es decir, haciendo de modelo en el papel de Diana Prince, poniendo poses y cambiando de cara apenas tres veces en la peli (y siempre saliendo de detrás del escudo a cámara lenta con el wah wah de Hans Zimmer); Entre Jeremy Irons que se convierte en la única fuente del poco humor que tiene la peli; Entre todo el disparate interpretativo, se erige enorme Ben Affleck, para llevarme la contraria con mis grandes niveles de haterismo con su Batman, y consigue que me coma mis palabras con patatas. Y es que su interpretación de un Bruce Wayne cada vez más extremo, cansado, hastiado, fascista incluso, es una sorpresa y se alza muy por encima del resto de elenco. Batman es lo mejor de la película. Me encanta su estética (el traje, la capa, el coche y el logo) y su moral, su background, bien desarrollada y explicada, en contraposición de Superman, al que lo hinchan de filosofía de andar por casa y que, en su concepción original, no tendría ninguna duda de su motivación por salvar a la humanidad de lo que pueda venir, sin interpretaciones (ni siquiera con su madre diciéndole que no le debe nada a este mundo) y sin juzgarla.

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    La banda sonora, de Hans Zimmer y Junkie XL, es una pequeña cacofonía de temas para cada personaje, el de Superman (ya escuchado en El Hombre de Acero), el de Batman, oscuro y difícil y el de Lex Luthor, siempre acompañado de opereta, violincillos y pianos, para dotar de grandilocuencia su tiempo en pantalla y potenciar el efecto de sus gilifrases para mentes demasiado simples. Estos temas van saltando indiscriminadamente durante el metraje de la peli, hasta que llega un momento que ya te pierdes. Pero lo bueno está por llegar. Hacia el fina de la cinta aparece lo que se ha llamado el tema de Wonder Woman, porque cada vez que aparece a cámara lenta detrás del escudo, suena la musiquita de guitarras eléctricas y tambores (wah wah), y a partir de ese momento, se abre la veda, porque con cada presentación de cada futuro miembro de La Liga está adornada con esta melodía, lo que al final consigue un efecto ridículo, en lugar de querer sorprender. En fin, en lugar de gravedad, resulta cómico, porque a la cuarta vez que lo ves te estás partiendo la caja. Ojo, la banda sonora, de manera independiente a la película está muy bien, pero el problema viene al conjuntarse con las imágenes, que no logra dar el empaque y se torna grandilocuente, sobre todo con Lex Luthor, y el tema de Wonder Woman logra, al final de la película, dotarle el sentido del humor que en las dos primeras horas carece.

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    Resumiendo, seguramente BvS reviente como ha hecho la taquilla, ya que es un producto pensado para eso. Posiblemente el próximo fin de semana alcance los 1.000 millones de recaudación, veremos si pasa de ahi, porque hacía mucho tiempo que no me sentía tan engañado por el planteamiento de una película, y no soy el único. El desarrollo de Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia es tan falso, engañoso, pretencioso e infame que solo puede provocar enfados por tratarnos como imbéciles. La visión de Zack Snyder ha reducido a Superman a un guiñapo sin trasfondo, con un Henry Cavill que demuestra hastío, por no decir no hablar de su falta de dotes interpretativas. Pero lo peor es la superioridad visual y narrativa que Snyder quiere imponer, que por ser tan «serio», tan pretencioso, acaba por ser ridículo, lamentable e histriónico y te toma por estúpido, además de demostrar que tiene algún tipo de asunto no resuelto con su madre (quien acabo de descubrir con asombro que se llama Marsha, a una sola consonante de diferencia de las madres de Bruce Wayne y Clark Kent. ¡Brutal!). Lo bueno es el Batman de Ben Affleck, lo que me anima a creer en el proyecto que hará en solitario, junto con los efectos especiales de la película, que son muy, muy buenos. Poco más puedo salvar, y se me quitan las ganas de seguir las pelis de mis superhéroes favoritos, porque yo era muy de DC, era muy de Batman y quería que alcanzasen a Marvel, hoy en otra liga. Pero hoy veo muy difícil que eso suceda si sigue poniéndose en manos de Zack Snyder como responsable de La Liga de la Justicia.

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    Sin duda, Batman v Superman será la última vez que me deje engañar por Zack Snyder. ¡A Superman Dios pongo por testigo!

  • Christopher Nolan y Akira… ¿Juntos? ¿Y como director? Hacemos ¡Cine-Ficción!

    Vamos a hacer un ejercicio de cine-ficción con uno de esos proyectos que dan vueltas y vueltas por las estanterias de los estudios de Hollywood, sin que finalmente salgan adelante. El proyecto en cuestión es la adaptación del anime de culto Akira, estrenado en 1988 de la mano de Katsuhiro Otomo, y que puso las bases de la entrada del cine de anime en nuestro país.

    La adaptación del clásico japones del ciber-punk ha estado dando vueltas 15 años por los estudios. Hasta hace poco, parecía que el proyecto, en manos de la Warner, estaba realmente cerca de hacerse realidad. Incluso se daba por hecho que uno de los productores, e incluso máximo candidato para dar vida a Kaneda en su intento de detener a Tetsuo, sería Leonardo DiCaprio a través de su productora Appian Way. Sin embargo, en los últimos tiempos, el proyecto tenía asociado un más que posible reparto, sin DiCaprio, pero con Garret Hedlund, Ken Watanabe, Kristen Stewart, Toby KebbellHelena Bonham Carter (ahí es nada) e incluso directores: Ruairi Robinson, Albert HughesJaume Collet-Serra.

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    Pero hete aquí que la semana pasada, bajo un halo de secretismo y revolucionando Twitter e Internet, la Warner anuncia que Christopher Nolan, el generador de jaips cinematográficos, y director en su tiempo libre de la Trilogia de El Caballero Oscuro, InceptionEl Truco Final e Interstellar, tendrá nuevo proyecto para 2017. Así, sin más pistas que un estreno en julio de ese año, sin decir de qué proyecto se trata, ni una idea, esbozo, trazo, croquis o lo que sea.

    Y ahora, se rumorea en Internet que Warner Bros quiere hacer una trilogia con Akira. De nuevo el rumor de la adaptación del clásico de Otomo. Y a mi me da que pensar. Y pienso en que el proyecto de Akira y el nombre de Christopher Nolan van unidos, pero no de productor. ¿Y si fuese como director?,  sobre todo, pensando que el tema de la producción lo deje para el universo DC Comics. Y es que el poco tiempo que ha pasado entre rumor y rumor, y sobre todo el secretismo en torno al proyecto de Nolan, hace que mi imaginación se dispare hasta esa conclusión. Aunque a mi, personalmente, me encantaría verle haciendo una película de James Bond, ya que el principio de Inception es puro 007.

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    ¡Y me sube el JAIP a unos niveles desconocidos por el ser humano!

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