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  • Madre! Vuelve el Aronofsky más retorcido… Y pretencioso

    madre_poster_70x100_rgb.jpgEl 29 de septiembre se estrena en España Madre!, la nueva película escrita, dirigida y producida por Darren Aronofsky (Cisne Negro, Noé), y protagonizada por Jennifer Lawrence (Passengers, Los juegos del Hambre), y Javier Bardem (Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, Skyfall), junto a Michelle Pfeiffer (Sombras tenebrosas) y Ed Harris (El Renacido). Madre! Presenta a una pareja compuesta por un poeta en horas bajas y su esposa viven en una casa de campo aislada de la ciudad. Su relación se pone a prueba cuando reciben la visita de un extraño y su mujer, que un inesperada día hacen acto de presencia en su hogar. Desde ese momento, su existencia quedará perturbada por completo. Por otra parte, también logrará que el poeta recupere su inspiración perdida y empiece a escribir la obra que le traerá la fama que tanto deseaba.

    Sabiendo como es Aronofsky, el director crea una historia retorcida, llena de símbolos y algo pretenciosa, así como falta de detalles sobre los personajes, ya que ni se sabe sus nombres y apenas un poco del pasado del personaje de Bardem. Pero Aronofsky no es sino un artista tras las cámaras y deleita con la  gran maestría técnica y novedosa que se ve en sus antiguos trabajos, como en Requiem por un sueño, cinta que marcó toda una generación en el cine con la fragmentación en el montaje. Si bien, hay cosas que no terminan de cuajar, hay otras muchas por las que merece ir al cine a verla. La madre naturaleza, el destrozo de la tierra y el abusos de sus recursos, así como el falso amor y la hipocresía, el fanatismo, la religión… son las metáforas principales de Aronofsky en Madre! Toda la cinta está construida con cuidado para hacer llegar estás imágenes, donde todos los departamentos de la película aportan a que lleguen al espectador.

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    El sonido, por una parte, es lo primero que llama la atención, pues resalta cualquier ruido, desde remover pintura hasta las ascuas de una chimenea. Con el sonido acerca al espectador, le invita a entrar en la casa de los personajes y a estar pendiente de cualquier cosa. A esto le juntas la banda sonora de Jóhann Jóhansson (La Teoría del Todo), que aparece en los momentos clave con una increíble fuerza y acompaña las imágenes a la perfección, reforzando los mensajes que Aronofsky quiere hacer llegar al espectador. Por otro lado, la dirección de fotografía de Matthew Libatique (Cisne negro, Noé y Requiem por un sueño), y la dirección de arte de Isabelle Guay (La llegada, 300), trabajan de tal manera juntos, que parece lo más natural del mundo. Los tonos verdes, marrones y amarillentos van en tándem con toda la trama, apoyando la metáfora de la madre tierra más y más. Los contrastes de luz son preciosos, con tonos verdes y naturales al principio y naranjas al final, marcando los giros argumentales y, sobre todo, los diferentes estados anímicos del personaje de Lawrence. Así mismo, la fotografía se vuelve más oscura, casi llameante con los naranjas y amarillos, y los decorados y atrezzo, que siguen a Madre hasta el momento final, con cambios que le dan hasta humanidad a esa casa.

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    Pero lo más llamativo es la increíble sensación de agobio e incomodidad que Aronofsky logra con sus primeros planos y primerísimos primeros planos muy cerrados de Madre!, que llaman la atención por tener casi siempre a Lawrence (Madre) de protagonista, y planos subjetivos desde los ojos de ella. Estos planos tan cortos y cerrados del personaje de Madre contrastan y marcan la diferencia con los planos más abiertos del personaje de Bardem y el resto. Por otro lado, los movimientos de cámara, que sobre todo siguen a Lawrence, están perfectamente ejecutados, con los temblores de cámara acertados para transmitir la subjetividad y, sobre todo, conseguir que el espectador se convierta en Madre por momentos. A todo el arte de Aronofsky se le une el montaje, que, desde luego, consigue volver loco a cualquiera y, como los planos que he mencionado, trasmitir las emociones de Madre de una manera magistral. El montaje no es exagerado ni tiene nada especial a primera vista, pero lo que demuestra un dominio absoluto del lenguaje audiovisual.

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    En cuanto a las actuaciones, es Jennifer Lawrence la que brilla sin ayuda de nadie. Ella misma dijo que era lo más oscuro que había hecho, y lo es. Su actuación como Madre es la mejor de su carrera, llena de matices y nada forzada, no solo por el interés de Aronofsky de convertir al espectador en la propia Madre por momentos, sino por la empatía que la actriz ha sido capaz de trasmitir a cualquiera que vea esta película . Bardem, Ed Harris y Michelle Pfeiffer, no destacan tanto, pero aún así, son buenas actuaciones que acompañan a la de Lawrence con fuerza.

    El guión…. ¡Ay, el guión! Parece más un borrador que una versión acabada y revisada. La cinta es una gran alegoría a la madre naturaleza y el destrozo que estamos haciendo en este planeta, y esa parte impresiona por como decide contarlo, pero el guión queda flojo y falto de ritmo, así como pretencioso en algunas escenas y vomitando demasiada información en otras, los diálogos resultan muy básicos por momentos. Son las acciones de los personajes las que de verdad levantan este guión, que quiere funcionar de obra maestra pero se queda en una primera versión a la que todavía le faltan cuatro revisiones. En cuanto a ser pretenciosa, en ocasiones se trata al espectador de estúpido y se reparte información y explicaciones a diestro y siniestro, pero en otras ocasiones en Madre!,  se relaciona todo muy bien y lo muestra nullsin necesidad de lanzar información innecesaria.  Como he dicho al principio, las metáforas en Madre! son muy marcadas, pero si bien considero que la película tiene una de las mejores secuencias que he visto en mucho tiempo, también tiene una de las peores, esta última no porque no quede clara o esté mal hecha, sino porque su ejecución es terrible, cosa que sorprende porque la secuencia clímax de la película es, en mi opinión, una obra maestra bizarra y tan real como la vida misma. En esta misma secuencia, que es la mejor de toda la cinta, se representa al ser humano de la forma más auténtica posible; cómo la casa de Madre (y ella misma) representa tan bien la tierra, y como los humanos la destrozan sin piedad y esperan a que Madre haga algo nuevo; cómo no importa la naturaleza hasta que se necesita. Otro punto interesante del guión, es la poca información de los personajes y de la situación de estos, así como el lugar donde se desarrolla. Es interesante porque al salir de la sala uno se da cuenta de que no era necesario esa información, y eso no es algo fácil de conseguir. La marca del director estadounidense está en sus imágenes, en sus movimientos de cámara y en la intensidad con la que siempre hace sus películas, por eso la alegoría final, las relaciones visuales y el resto de simbolismo, aunque pomposo en varias ocasiones, queda bien en pantalla.

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    En resumen, no calificaría Madre! de obra maestra del director, pero sí una de las cintas más interesantes, retorcidas e intensas del año. Aunque pretenciosa por momentos, Madre! consigue no dejar indiferente al espectador a través de símbolos, metáforas e imágenes bastante duras, que con la ayuda de Jennifer Lawrence, la fotografía, sonido, montaje y el frenético estilo del director, consigue crear una mezcla extraña, pero intensa.

  • Valérian y la Ciudad de a quién coño le importa?

    Con algo de retraso (no, esta vez no el mio) respecto a la fecha de estreno, me decidí a ver la nueva película de Luc Besson Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, a pesar de que tenía muchas dudas sobre el director francés, sombra de lo que fue a finales de los 80 y comienzos de los 90, y arrastrado por los buenos comentarios en general que había leído en Twitter sobre la película (Twitter es el infierno en la “tierra digital”, pero para el cine, en ocasiones es el buenismo más empalagoso). Y en este punto, quiero justificar el porqué de mis dudas con Luc Besson, a la vez que le dedico unas líneas que, sin duda merece este otrora gran director, y que regaló a la industria del cine (y a mi) tres de las más grandes películas europeas que he visto en mucho tiempo: Nikita, El Gran Azul y, sobre todo y ante todo, Leon: El Profesional. Pero no fue hasta su siguiente proyecto que acaparó todas las miradas de Hollywood, mientras otros se rendían a su calidad, visión, su forma de rodar las escenas de acción y su habilidad con la dirección artística. Hablo de El Quinto Elemento, una cinta de ciencia ficción muy centrada en la acción, marca de la casa de Besson, muy llamativa visualmente, pero que tenia una propuesta muy facilona y básica en forma de guión inocente, basado en el manido tema del amor. Se cuenta que Besson la escribió cuando solo tenía 16 años, y realmente, se nota en la propuesta.

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    DA-jEcwWAAAxDIg.jpgEl pelotazo que supuso El Quinto Elemento le permitió hacer realidad el sueño de llevar a cabo su proyecto más personal: Juana de Arco. De nuevo contó con Milla Jovovich y con un reparto estelar, pero supuso un batacazo brutal que ni siquiera recuperó en taquilla lo que costó. Y lo que es peor, casi acabó con su carrera. Tras esa, su vuelta más destacable fue con un thriller de ciencia ficción protagonizado por Scarlett Johansson llamado Lucy, una suerte de Ghost in the Shell, pero que tampoco alcanzaba la calidad que una vez tuvo el cine de Besson.

    Ahora, el realizador francés aterriza de nuevo a las pantallas con Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, un thriller de ciencia ficción en el que pretende retomar el éxito que obtuvo con El Quinto Elemento, hace más de 20 años. La cinta, protagonizada por Dane DeHaan y Cara Delevingne, basada en comic francés llamado Valerian y Laureline, que ha recibido buenas críticas y que parece que ha devuelto a la palestra al bueno de Besson. La película se basa en la serie francesa de ciencia ficción Valérian y Laureline, escrita por Pierre Christin e ilustrada por Jean-Claude Mézières. Valérian y la Ciudad de los Mil Planetas nos cuenta la historia de los dos agentes especiales a quienes el Ministro de Defensa les asigna una misión en la estación espacial Alpha, una especie de cajón de sastre donde conviven miles de especies de todo el universo y en donde se oculta un misterio en su centro.

    Disculpadme, me he explayado más de la cuenta hablando de Luc Besson pero insisto, de verdad, para mí fue un precursor en mi visión del cine de acción y posterior referente, uno de los primeros que descubrí y que me atrapó. Por eso quería al menos dedicarle este pequeño homenaje al maestro del cine francés de acción, porque a continuación voy a despellejar, sin piedad ni miramientos, Valerian y la Ciudad de a quién cojones le importa?

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    Tras un aspecto visual brutal (no en vano, repite Thierry Arbogast, director de fotografía de El Quinto Elemento, y eso se nota), se esconde una de las historias más plana, simple, inocente y babosa que he visto en mucho tiempo. Y mucha culpa la tiene la nefasta elección del casting, que pretende que nos creamos que Dane DeHaan, que interpreta a Valérian, sea un matón de virilidad disparada, asesino e inteligente, y que, por su parte, nos creamos que Cara Delevingne, que interpreta a Laureline, sea una actriz. De verdad, no sé de quién fue la idea de convencer a esta chica que tenía talento para actuar, no está bien engañar así a la gente. Suyos son los diálogos más infames de la película, una suerte de frases para ver quién es más chulo de los dos, uno pidiéndole matrimonio y con fama de mujeriego y la otra diciendo que no y soltando chascarrillos tópicos. Los dos compiten por ver quién tiene la frase más chorra, honor que parece que recaerá en DeHaan, hasta que Delevingne suelta un “el amor lo puede todo”, y en ese momento, tras dos minutos de revoltijos en mi butaca, y tres de espuma blanca por la boca, tuve claro que suyo era el premio a la frase gilipollesca de la peli.

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    Pero hete aquí que ese momento infame, lo desencadena la aparición del personaje de Rhianna, en una escena que no aporta absolutamente nada ni a la trama (la cual tampoco necesita mucha aportación extra), ni al ritmo de la película, y todo para marcarse un videoclip musical transformista, y concluir con otra de las frases chorras de la peli: “cuidaros el uno del otro y quereros”, o algo asi. De verdad, guionistas del mundo, la próxima vez que escuche una frase del estilo en una sala de cine, juro que la quemo. Tanto amor y tanta leche… Sed originales! Intentadlo! De verdad!

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    A lo largo de Valérian y la Ciudad de a quién cojones le importa? desfilan otros personajes, a la que la propia historia apenas les da interés. Clive Owen hace de villano de turno, un personaje que decide en una escaramuza disparar unos misiles cuyo objetivo cae derribado en un planeta vecino, y decide ocultarlo al mundo, para que no le castiguen, cual niño pequeño que ha roto un jarrón jugando al fútbol y le dice a su hermano que no se lo diga a sus padres. En fin, algo ridículo. Aparece por ahí también un Ethan Hawke que no sabe muy bien a que fue al set del rodaje o qué es lo que queria hacer; un general llamado Okto Bar, personaje interpretado por Sam Spruell, quien es todo buenismo. Cabe destacar la aparición al comienzo de Rutger Hauer, y cuenta con las voces de John Goodman y de Elizabeth Debicki. Bueno, en fin, todo reducido a la más absoluta simplicidad, hasta insultante de verdad. Un desastre.

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    La acción de Valérian y la Ciudad de a quién cojones le importa? es más bien atropellada y se desarrolla a trompicones. A pesar de ser una space opera, nos encontramos con situaciones más bien aburridas y poco aprovechadas, a pesar del comienzo tan prometedor, incluso fascinante, con la evolución en forma de saludo de la humanidad y el contacto extraterrestre (con el Space Oddity de David Bowie de fondo), la presentación de los Pearl (reíros ahora de los Na’vi de Avatar), y sobre todo, la escena del Gran Bazar multidimensional, escena arriesgada y diferente, justo lo que le pedia a la película. El resto es muy olvidable, con escenas de tiroteos ridículas, dos salitos mal dados del doble de Dane DeHaan, y una batalla galáctica mal desarrollada y sobre todo, mal explicada, que podría haber sido memorable gracias a los diseños de las naves (yo quiero saber la historia y quién está detrás de la nave estilo calamar que cae en el planeta).

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    En fin, tal y como me pensaba, mis dudas a la hora de ir a ver Valérian y la Ciudad de a quién cojones le importa? estaban justificadas. Luc Besson no acierta con la tecla desde El Quinto Elemento. Y he de reconocer que en esta ocasión me duele un poco más que con Lucy, por ejemplo, ya que creo que tenia mimbres para hacer algo entretenido, poder centrarse en cosas interesantes y propuestas curiosas dentro de la ciencia ficción, pero decide centrarse en las cosas chorras y simples de la ya de por sí, historia siiiiiiiimple y choooooooorra. Empieza a ser algo habitual en el cine de Hollywood. ¡Ah! Y por favor, por las pelotas del mismísimo Chinotauro, que alguien le diga de una vez por todas a Cara Delevingne que no es una actriz. Nos hará un favor a todos, y a ella también.

    https://youtu.be/E3AXU32eO_0