El pasado 10 de marzo se estrenó en las pantallas de nuestro país, de la mano de Diamond Films, la película El Fundador, la verdadera historia de cómo Ray Kroc (Michael Keaton) conoció en 1950 a los hermanos Mac y Dick McDonald, quienes llevaban una hamburguesería en San Bernardino, al sur de California. Impresionado por la velocidad de su sistema de cocina, Kroc visualizó el potencial de la franquicia y hábilmente se fue posicionando para crear el que es, a día de hoy, el conocido y multimillonario imperio de comida rápida e icono del capitalismo americano: McDonalds.
Dirigida por John Lee Hancock, responsable de películas como El Alamo, The Blind Side y Al Encuentro de Mr.Banks, cuenta con Michael Keaton como Ray Kroc, y es el que sostiene toda la película, al igual que sucede en toda la filmografía del director y también guionista. Sandra Bullock en The Blind Side, Tom Hanks como Walt Disney en Mr. Banks o Billy Bob Thorton como Davy Croquett en El Álamo, son siempre sus bazas. Grandes actores para dar vida a grandes personajes con una historia que contar. La cinta tiene un ritmo pausado, con predominancia de los personajes por encima de la historia, algunos saltos en la narración pero con momentos brillantes de narrativa y montaje (la escena de la explicación de cómo dominaron los hermanos McDonalds el sistema Speedee es genial) y conflictos familiares en mayor o menor medida.
Sin duda estamos ante una película sostenida por las interpretaciones, en este caso en la de Michael Keaton, que cumple sobradamente a pesar de sus tics maniáticos (como mover la cabeza muy rápido a un lado y demás). Transmite ambición, confianza en sus posibilidades y convicción en sus ideas, en ser ambicioso, a pesar de que eso le cueste sus relaciones matrimoniales o de amistades. Incluyo la sobriedad de Nick Offerman (Parks and Recreations), quien le añade su toque humorístico a Dick McDonalds, con alguna de sus miradas míticas ya de gamberro. Quizás, en el debe de la película, podemos hablar de la falta de desarrollo del personaje de Laura Dern como primera esposa de Ray Kroc, un conflicto provocado por el conformismo de ella ante la ambición desmedida y la tenacidad por triunfar de él. Se queda a medio contar esa relación, así como el papel de Patrick Wilson, fugaz en pantalla y que podría haber dado mucho más de si en el triángulo que forma con su mujer, Linda Cardellini y el propio Ray Kroc (quien a la postre, se queda con la chica).
Aun con esos trompicones en la narrativa de la película, esos saltos en la historia en los que de repente las cosas suceden sin más, el film consigue su objetivo, que no es otro que hacernos dudar de Ray Kroc, un hombre despiadado y sin escrúpulos en lo que a negocios se refiere, capaz de apropiarse de una marca comercial, sin miramientos con los verdaderos creadores de McDonalds, pero admirable en su tesón y en su confianza en que la idea que tiene es rompedora, si se desarrolla bajo sus parámetros y su visión.
Pero de lo que la película habla es sobre el capitalismo, desde el punto de vista de una de sus marcas más reconocidas. Como dice Ray Kroc en la película, McDonalds es America (fuck yeah!), y en cada pueblo existe la Iglesia, con la cruz como símbolo, un juzgado, con la bandera norteamericana como símbolo, y un McDonalds, con los arcos dorados como símbolo. La ambición desmedida de una persona que se apodera de la idea de otro, la mejora y logra construir un imperio. Pero con la falta de escrúpulos para poder mantener esa ambición, y que hace no cumplir con su palabra, entre otras cosas. Y todo con un toque irónico muy interesante en el guión de Robert Siegel (El Luchador) empezando por el título, y pasando por el exacerbado patriotismo americano de la hamburguesa como producto típico americano, cuyos pilares son la Iglesia, la Justicia y el McDonalds. Pero como dicen en la película, Ray Kroc no es el fundador de McDonalds, pero McDonalds no sería lo que es hoy sin Ray Kroc. Y esa es la ironía.
El pasado viernes se estrenó en nuestras pantallas la nueva película de Columbia y Skydance llamada Life (Vida), un thriller de terror ambientado en el espacio. La cinta está dirigida por Daniel Espinosa (no, no es español… Es sueco de origen chileno, ahí queda eso), responsable de El Niño 44 y El Invitado, y cuenta con un elenco importante, encabezado por Rebecca Ferguson (Misión Imposible: Es Nación Secreta), Jake Gyllenhaal (SouthPaw) y Ryan Reynolds (Deadpool). Life nos cuenta la historia un equipo de científicos en una misión a bordo de la Estación Espacial Internacional encargados de estudiar una forma de vida recuperada del planeta Marte. Estos consiguen hacer evolucionar rápidamente a Calvin (nombre por el que le conocen) y que ahora amenaza a la tripulación y a toda forma de vida en la Tierra.
Por fin ha llegado a nuestras pantallas el primer spinoff del universo Star Wars, Rogue One: Una historia de Star Wars. Se trata del primero de los tres planificados, sin duda una de las películas más esperadas por todos los fanáticos de la saga galáctica, entre los que me incluyo, puesto que podía suponer un aire fresco dentro de la historia, un camino diferente a lo que ya conocemos y adoramos, así como la posibilidad de explorar otros derroteros dentro del rico universo que George Lucas nos regaló. La cinta, dirigida por Gareth Edwards (no voy a entrar en la polémica de los reshoots de Tony Gilroy), mantiene sus señas de identidad vistas en Monsters y Godzilla, estilo que le va como anillo al dedo a una película más bien bélica, con muchos tonos grises y oscura en su planteamiento como en su ejecución, colores ocres y apagados, y con sensación y olor a… derrota. A pesar de que el punto de partida era esperanzador, Rogue One no cumple con la expectativa de abrir senderos diferentes a la trama original (como buen spinoff que se precie), sino que enlaza directamente con La Guerra de las Galaxias, aunque los focos se centren en otros personajes. Y a pesar de no lograr eso, el resultado final es memorable, a pesar de sus problemas, pero que deja Esperanza.

El pasado viernes 4 de noviembre llegó a nuestras pantallas de cine la nueva cinta de Clint Eastwood, llamada Sully, con la que continúa la senda de homenajear a los héroes de Estados Unidos, tras El Francotirador. En esta ocasión el héroe es Chesley “Sully” Sullenberger, un piloto aéreo que en 2009, al poco de despegar, su avión se averió y logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo, sin ninguna baja. Esta vez, estamos ante el héroe civil, humano, cercano y modelo para la sociedad norteamericana.
El pasado 28 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la última producción de Marvel Studios, Doctor Strange, englobada dentro de la Fase 3 de Marvel, que se inició con Capitán América: Civil War. Dirigida por Scott Derrikson (Ultimatum a la Tierra, Sinister), se trata de la incursión en el mundo de la magia de Marvel, dejando a un lado los prototipos marvelitas en cuanto a súper poderes adquiridos de variadas maneras, plagados de acción en sus historias. Sin duda, un terreno novedoso para la compañía, que pretende abrir nuevas dimensiones para su universo cinematográfico, a la vez que añade una adquisición de categoría con Benedict Cumberbatch, quien llena la pantalla en cada plano de la película, no solo con su presencia sino con su voz. A pesar de la frescura de la propuesta (se trata de uno de los primeros personaje de Marvel, aunque han esperado hasta ahora para darle vida en la gran pantalla), la película no deja de ser la historia del héroe (súper o no) clásica: auge, caída, iniciación con maestro y redención. Eso si, está muy bien hecho.

El pasado viernes 7 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la nueva película de J.A. Bayona, Un Monstruo Viene a Verme, tras las alabadas El Orfanato y Lo Imposible, y basada en el libro homónimo de Patrick Ness. Precedida de un gran éxito de público y crítica en su proyección en el Festival de San Sebastián, he tenido que esperar a la fiesta del cine para poder verla (y me han tenido que invitar) porque tengo menos pasta que el bolsillo de Carpanta (pero no tanta hambre) y así poder traer la crítica (a ver si las distribuidoras y productoras me invitan a los pases de prensa omvreya!). En fin, dramas aparte, os dejo con mi impresión de Un Monstruo Viene a Verme, que eso sí que










El pasado (muy pasado) 22 de junio llegó a nuestras pantallas (y portátiles) la nueva película de Alex Proyas, un tio que ha hecho pelis de la altura de Dark City, El Cuervo o Señales del Futuro, llamada Dioses de Egipto. En esta ocasión cuenta en sus filas con un reparto de mucha altura, encabezado por Gerard Butler (300, Gamer), junto a Nikolaj Coster-Waldau (Juego de Tronos, Oblivion), Geoffrey Rush (Piratas del Caribe), Brenton Thwaites (La Señal), Chadwick Boseman (Capitán América: Civil War) y Elodie Yung (Elektra en Daredevil, la serie). Por los trailers que pudimos ver, ya se intuía que la película tenia una pinta muy chunga, con una adaptación de los dioses egipcios en plan Transformers mezclados con Caballeros del Zodíaco. Todos nos quedamos cortos.
Este viernes se estrena en nuestras pantallas Infierno Azul, de Jaume Collet -Serra (La Huérfana, Sin Identidad, Non Stop), con Blake Lively (The Town, El Secreto de Adaline) como principal protagonista, junto con un tiburón que se las hará pasar canutas durante la cinta. La peli nos cuenta la historia de Nancy (Blake Lively), una joven que trata de superar la pérdida de su madre. Un día, haciendo surf en una playa solitaria se queda atrapada en un islote a sólo cien metros de la costa. El problema consiste en que un enorme tiburón blanco se interpone entre ella y la otra orilla.