Categoría: Reviews

  • El Fundador: McDonalds es América (Fuck yeah!)

    nullEl pasado 10 de marzo se estrenó en las pantallas de nuestro país, de la mano de Diamond Films, la película El Fundador, la verdadera historia de cómo Ray Kroc (Michael Keaton) conoció en 1950 a los hermanos Mac y Dick McDonald, quienes llevaban una hamburguesería en San Bernardino, al sur de California. Impresionado por la velocidad de su sistema de cocina, Kroc visualizó el potencial de la franquicia y hábilmente se fue posicionando para crear el que es, a día de hoy, el conocido y multimillonario imperio de comida rápida e icono del capitalismo americano: McDonalds.

    Dirigida por John Lee Hancock, responsable de películas como El Alamo, The Blind Side y Al Encuentro de Mr.Banks, cuenta con Michael Keaton como Ray Kroc, y es el que sostiene toda la película, al igual que sucede en toda la filmografía del director y también guionista. Sandra Bullock en The Blind Side, Tom Hanks como Walt Disney en Mr. Banks o Billy Bob Thorton como Davy Croquett en El Álamo, son siempre sus bazas. Grandes actores para dar vida a grandes personajes con una historia que contar. La cinta tiene un ritmo pausado, con predominancia de los personajes por encima de la historia, algunos saltos en la narración pero con momentos brillantes de narrativa y montaje (la escena de la explicación de cómo dominaron los hermanos McDonalds el sistema Speedee es genial) y conflictos familiares en mayor o menor medida.

    Sin duda estamos ante una película sostenida por las interpretaciones, en este caso en la de Michael Keaton, que cumple sobradamente a pesar de sus tics maniáticos (como mover la cabeza muy rápido a un lado y demás). Transmite ambición, confianza en sus posibilidades y convicción en sus ideas, en ser ambicioso, a pesar de que eso le cueste sus relaciones matrimoniales o de amistades. Incluyo la sobriedad de Nick Offerman (Parks and Recreations), quien le añade su toque humorístico a Dick McDonalds, con alguna de sus miradas míticas ya de gamberro. Quizás, en el debe de la película, podemos hablar de la falta de desarrollo del personaje de Laura Dern como primera esposa de Ray Kroc, un conflicto provocado por el conformismo de ella ante la ambición desmedida y la tenacidad por triunfar de él. Se queda a medio contar esa relación, así como el papel de Patrick Wilson, fugaz en pantalla y que podría haber dado mucho más de si en el triángulo que forma con su mujer, Linda Cardellini y el propio Ray Kroc (quien a la postre, se queda con la chica).

    Aun con esos trompicones en la narrativa de la película, esos saltos en la historia en los que de repente las cosas suceden sin más, el film consigue su objetivo, que no es otro que hacernos dudar de Ray Kroc, un hombre despiadado y sin escrúpulos en lo que a negocios se refiere, capaz de apropiarse de una marca comercial, sin miramientos con los verdaderos creadores de McDonalds, pero admirable en su tesón y en su confianza en que la idea que tiene es rompedora, si se desarrolla bajo sus parámetros y su visión.

    Pero de lo que la película habla es sobre el capitalismo, desde el punto de vista de una de sus marcas más reconocidas. Como dice Ray Kroc en la película, McDonalds es America (fuck yeah!), y en cada pueblo existe la Iglesia, con la cruz como símbolo, un juzgado, con la bandera norteamericana como símbolo, y un McDonalds, con los arcos dorados como símbolo. La ambición desmedida de una persona que se apodera de la idea de otro, la mejora y logra construir un imperio. Pero con la falta de escrúpulos para poder mantener esa ambición, y que hace no cumplir con su palabra, entre otras cosas. Y todo con un toque irónico muy interesante en el guión de Robert Siegel (El Luchador) empezando por el título, y pasando por el exacerbado patriotismo americano de la hamburguesa como producto típico americano, cuyos pilares son la Iglesia, la Justicia y el McDonalds. Pero como dicen en la película, Ray Kroc no es el fundador de McDonalds, pero McDonalds no sería lo que es hoy sin Ray Kroc. Y esa es la ironía.

  • Life (Vida): La Vida sigue igual en el espacio (SPOILERS aunque debería pelártela)

    Esta review contiene spoilers… Aunque, como digo en el título, te la debería pelar, porque la peli es previsible a más no poder… Eso y que gastarte 10€ para verla jode mucho… En fin… Avisad@ quedas!

    Life_Vida_Cartel_Teaser (1).jpgEl pasado viernes se estrenó en nuestras pantallas la nueva película de Columbia y Skydance llamada Life (Vida), un thriller de terror ambientado en el espacio. La cinta está dirigida por Daniel Espinosa (no, no es español… Es sueco de origen chileno, ahí queda eso), responsable de El Niño 44 y El Invitado, y cuenta con un elenco importante, encabezado por Rebecca Ferguson (Misión Imposible: Es Nación Secreta), Jake Gyllenhaal (SouthPaw) y Ryan Reynolds (Deadpool). Life nos cuenta la historia un equipo de científicos en una misión a bordo de la Estación Espacial Internacional encargados de estudiar una forma de vida recuperada del planeta Marte. Estos consiguen hacer evolucionar rápidamente a Calvin (nombre por el que le conocen) y que ahora amenaza a la tripulación y a toda forma de vida en la Tierra.

    Life se puede resumir de la siguiente manera: Metes en una batidora una parte de Gravity (movimientos de cámara siguiendo los ejes gravitatorios), cuarto y mitad de Sunshine (repite el japo, Hiroyuki Sanada, un crack desaprovechado aqui, y es inevitable la comparación), y todo lo que quieras de Alien. Bates muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte, le añades una frase con términos biológicos que nadie va a entender, y tienes Life. Las similitudes, tanto en ambiente, claustrofobia y demás, con la cinta magna del mejor Ridley Scott es más que evidente. Pero en este caso, la aproximación que le quieren dar al tema pretende ser más científica, en busca así de la diferenciación con la historia del xenomorfo. Y ahí es donde cuelan al personaje del biólogo de la misión, encargado de soltar la frase que nadie entiende, llena de términos científicos, y objetivo cumplido… Y claro, después la palma. Y ahí se acaba la aproximación científica-biológica de la película y comienza el slasher que siempre quiso ser, siguiendo las pautas del género. Sustos, aprendizaje y emboscadas, trucos de montaje, música que te avisa de cuando aparece el bichito y que genere tensión y demás artificios que hemos visto en miles de películas.

    Y tales son los clichés, que hasta el Ryan Reynolds repite el papel de Deadpool, de graciosillo-listillo-chulillo, pero en el espacio y sin máscara. Claro, qué es lo que suele pasar con el secundario gracioso de las pelis de terror? Exacto, a los 25 minutos se acabó Ryan Reynolds, y debo de reconocer que es un alivio. En cuanto a Gyllenhaal, se pasa toda la peli sin saber muy bien por qué está ahí, sobre todo en una primera hora en la que no hace nada, simplemente pasa por allí. Y de Rebecca Ferguson, inexpresiva total, nada que ver con el papel que la catapultó en Misión Imposible: Es Nación Secreta (En esa por lo menos tuerce algo el hocico). En fin, que parece más una película para terminar contratos y todos tan contentos.

    Del desarrollo, pues poco se puede contar, más allá de ser típico de los slasher. Y el final es previsible, ya que no solo te engaña visualmente en la última parte de la peli, si no que te lleva toda la película avisando de lo que va a pasar. Por salvar algo de la película, destaco el comienzo trepidante y la buena factura de la misma, en especial el primer plano (la Estación Espacial Internacional) de muy bella factura. Pero claro, es que al final es una película que has visto miles de veces, que no te ofrece nada nuevo. Las expectativas (muy contenidas) que llevaba en la peli, estaban más fundadas en que se podía tratar de una precuela de la peli confirmada por Sony sobre Venom, pero no… No es asi. Y es una pena, porque asi al menos habría tenido algo de interés.

    Y si, he vuelto a escribir… Hell Fucking Yeah bitches!! Espero que dure!!

  • Rogue One: Una historia de Star Wars. La vuelta a la infancia (SIN SPOILERS)

    nullPor fin ha llegado a nuestras pantallas el primer spinoff del universo Star Wars, Rogue One: Una historia de Star Wars. Se trata del primero de los tres planificados, sin duda una de las películas más esperadas por todos los fanáticos de la saga galáctica, entre los que me incluyo, puesto que podía suponer un aire fresco dentro de la historia, un camino diferente a lo que ya conocemos y adoramos, así como la posibilidad de explorar otros derroteros dentro del rico universo que George Lucas nos regaló. La cinta, dirigida por Gareth Edwards (no voy a entrar en la polémica de los reshoots de Tony Gilroy), mantiene sus señas de identidad vistas en Monsters y Godzilla, estilo que le va como anillo al dedo a una película más bien bélica, con muchos tonos grises y oscura en su planteamiento como en su ejecución, colores ocres y apagados, y con sensación y olor a… derrota. A pesar de que el punto de partida era esperanzador, Rogue One no cumple con la expectativa de abrir senderos diferentes a la trama original (como buen spinoff que se precie), sino que enlaza directamente con La Guerra de las Galaxias, aunque los focos se centren en otros personajes.  Y a pesar de no lograr eso, el resultado final es memorable, a pesar de sus problemas, pero que deja Esperanza.

    Rogue One hace referencia al código del grupo que consigue los planos de la primera Estrella de la Muerte, encabezado por Jyn Erso (una muy buena Felicity Jones), hija del ingeniero que construye el arma definitiva del Imperio, Galen Erso (Mads Mikkelsen), quien introduce una trampa como venganza por su separación familiar por parte del Director Krennic (Ben Mendelsohn). Junto a ella, un capitán de la Rebelión, Cassian Andor (un buen Diego Luna) y su robot reprogramado K2-SO (buena liberación cómica), personaje el primero obligado a cumplir órdenes a veces en contra de sus creencias, en algún caso cruzando líneas rojas morales con sus actos. En el trayecto, se juntarán con un piloto imperial renegado (Riz Ahmed, un poco perdido en la película) enviado por Galen y una pareja de fanáticos de La Fuerza y protectores de cristales de Kyber (el material con el que se hacen los sable láser) llamados Chirrut Îmwe (un espectacular Donnie Yen) y Baze Malbus (Wen Jiang), con los que se cruzarán en la ciudad de Jedah, santuario de los Jedis. Por supuesto, no podemos olvidar que Darth Vader hará aparición en la cinta un par de veces, pero uno de los momentos es memorable. Y un par de personajes más, rescatados gracias al CGI (uno con más éxito que el otro) y que harán las delicias de todos los aficionados a Star Wars.

    Rogue One tiene varios problemas importantes, todos ellos de guión, obra de Tony Gilroy (Michael Clayton) y Chris Weitz (Cenicienta). El primero y fundamental es que, salvo Jyn Erso y Cassian Andor, el resto de los protagonistas del equipo no tienen ningún tipo de desarrollo, con lo que cuesta empatizar y formar lazos emocionales con ellos. No hay ninguna subtrama, ni siquiera con el personaje de Forest Whitaker, quien podría haber dado más juego y que al final roza el ridículo mayúsculo (cerca del que produjo Jar Jar Binks). Es una pena que todo sea tan plano, ya que el impacto emocional hubiese sido mayor.

    El segundo problema es que la estructura sigue siendo la misma que ya hemos visto en La Guerra de las Galaxias, El Retorno del Jedi, La Amenaza Fantasma y El Despertar de la Fuerza. Presentación de personajes, drama familiar (otra vez paterno-filial), aparición de mentor (Un muy desafortunado Forest Whitaker, lo peor de la película con mucha diferencia. Un sinsentido), reunión con otros personajes, demostración de poder de los malos, reunión para decidir los pasos a seguir con disensiones, y finalmente, enfrentamiento final en tres planos diferentes: espacio, tierra y centrado en los héroes dentro de una estructura. Poca imaginación, inventiva y poco riesgo, cuando precisamente una de las cosas que te podía permitir el spinoff era eso, innovar y hacer lo que quisiesen, sin atenerse a las reglas no escritas de la saga.

    Y el tercero, es un problema que ya tenia El Despertar de la Fuerza, y son los constantes homenajes a la primera entrega de la saga. De verdad, no es necesario, en serio. Ya nos conocemos todos los personajes, ya hemos cubierto el efecto nostalgia con El Despertar de la Fuerza, no hace falta más. Incluso, aunque esto lo pongo como algo bueno, se ha utilizado en la batalla espacial final metraje original con los planos de los pilotos de los B-Wing y algunos de los X-Wing (incluso matan a Rojo Cinco, para que luego Luke tome su lugar). Pero es que estos homenajes, excesivos ya, forman también mucha parte de los diálogos y situaciones. Es más, parece que diferentes frases de La Guerra de las Galaxias conforman todas ellas el guión de la película.

    Y es una pena, porque esos fallos importantes hacen que los dos primeros actos de Rogue One sean normalitos y, hasta cierto punto, aburridos, a pesar de tener acción, localizaciones diferentes y desaprovechadas, como la ciudad santuario de Jedah, de la que apenas se presenta y casi es un “pasaba por aquí”.

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    Hasta que llegamos al planeta Scarif, donde se desarrolla el tercer y último acto de la película, y todo cambia. Lo nuevo se mezcla con lo clásico (ese líder rojo sacado de la peli original), esas maquetas de los destructores imperiales chocando, la claridad de los efectos especiales comedidos, al servicio de la historia, el hermano gemelo de Ackbar, la incursión militar, todo. Esa escaramuza final, el final inevitable del que todo el grupo es consciente, la redención, la esperanza y la emoción invaden con toda la fuerza de la magia de La Guerra de las Galaxias. Te golpea emocionalmente tan fuerte que notas la perturbación en la Fuerza, e irremediablemente te conduce a un final tan memorable, tan espectacular, tan emocionante que cualquier aficionado a La Guerra de las Galaxias no podrá evitar soltar una o todas las lágrimas del mundo. En ese momento te das cuenta de que todos los problemas que antes relataba y que veía desde el punto de vista crítico, desaparecían y me transformaba de nuevo en ese niño que soñaba cada vez que veía cualquier entrega de Star Wars.

    Reconozco los errores y los fallos de Rogue One: Una historia de Star Wars, que son varios e importantes, sobre todo en tema de guión a la hora de desarrollar los personajes. Sin embargo, se trata de una muy buena película dentro del universo de Star Wars, para mí la tercera en el TOP3 (por detrás de El Imperio Contraataca y La Guerra de las Galaxias) y empatada con Spaceballs, todo gracias a ese final ya convertido en mítico, emocionante y memorable, hace que nos reunamos de nuevo con lo más clásico de la saga. La parte final podría tranquilamente sustituir a La Venganza de los Sith y nuestras vidas en los últimos años hubiese sido mucho mejor. La lineas difusas de los buenos quedan perfectamente retratadas, la desesperacion de verlo todo perdido, de no encontrar esperanza, con momentos oscuros de personajes que asumen sus responsabilidades y que, al final, cuando todo está perdido, encuentran la redención necesaria para Una Nueva Esperanza.

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    Gracias por convertirme en niño de nuevo.

    https://youtu.be/dNku5uv-5Jo

    SOY UNO CON LA FUERZA, Y LA FUERZA ESTÁ CONMIGO

     

  • Sully: El héroe civil americano por Clint Eastwood

    587893El pasado viernes 4 de noviembre llegó a nuestras pantallas de cine la nueva cinta de Clint Eastwood, llamada Sully, con la que continúa la senda de homenajear a los héroes de Estados Unidos, tras El Francotirador. En esta ocasión el héroe es Chesley “Sully” Sullenberger, un piloto aéreo que en 2009, al poco de despegar, su avión se averió y logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo, sin ninguna baja. Esta vez, estamos ante el héroe civil, humano, cercano y modelo para la sociedad norteamericana.

    Basada en un hecho real, Sully se trata, desde mi punto de vista, de una de las mejores películas de Clint Eastwood de los últimos años. Su estilo de dirección sobrio, que ya pudimos ver en películas como Million Dollar Baby, El Francotirador y, sobre todo, en Gran Torino, se ve aumentado (y mejorado) por la fotografía de la cinta, fría donde las haya, donde los grises abundan en todos los planos, trasladando el frío mes de enero en Nueva York. Además de la sobriedad, mantiene el mismo ritmo lento de las últimas películas de Eastwood, pero en esta ocasión, la estructura de la narración es maravillosa, intercalando fases del accidente con la evolución de la investigación tras el mismo. Sin duda, un gran montaje que mantiene el interés de una historia que sabes de antemano su final.

    Y es que la película gira en torno a la investigación de la FAA (Administración Federal de Aviación), quien intenta buscar el error humano en la decisión de aterrizar el avión en el río Hudson como la única opción viable, frente al éxito de todos los intentos que hacen en el simulador, con las mismas condiciones y que acaban con el avión sano y salvo en cualquier aeropuerto cercano a La Guardia (muy interesantes estas escenas, rodadas con pilotos reales, uno de ellos el mismísimo Sully). Mientras la opinión publica considera a Sully un héroe nacional, una esperanza en medio de malas noticias a los ojos de la sociedad americana, las dudas por la presión de la agencia gubernamental hacen tambalear la seguridad del piloto sobre la decisión que tomó, haciendo ver que el factor humano no se puede simular con una máquina. Y esa es la piedra angular del film, el ser humano y sus decisiones frente a la máquina, alabar el factor humano en lugar de la búsqueda del error humano. Alabar un héroe en lugar de hacerle caer y creer en los milagros.

    Y cumple el cometido de la película gracias a un sobrio Tom Hanks en la piel de Sullenberger, quien parece que se olvidó de sus dotes actorales en Inferno para sacarlas todas con Eastwood, por cierto, en su primera colaboración. Hanks ofrece una versión muy humana, recta, responsable y calmada del piloto, bien acompañado por Aaron Eckhart, que siempre cumple con nota en todos sus papeles (bueno, menos en el truño ese de Yo, Frankenstein). El resto del cast simplemente cumple, incluso son meros figurantes, ya que apenas hay historias personales entre el pasaje, solo tres subtramas apenas desarrolladas y sin importancia en la narración. Por su parte, la factura técnica de la película es muy alta. Las diferentes escenas de todo lo que sucede alrededor de los 208 segundos del vuelo son brutales, y es que muchas veces da la sensación de que son imágenes reales, tanto los sueños de Sully como los hechos reales.

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    En definitiva, Sully me parece la mejor película de Clint Eastwood desde Cartas desde Iwo Jima, con permiso de Gran Torino, y que mantiene las características ya típicas de su cine reciente: sobriedad, seriedad, rimo pausado y factura técnica impecable. Su estructura narrativa y su montaje aumentan el valor de la cinta hasta cotas muy altas, y Tom Hanks está acorde con la cinta, asimilando los conceptos de Eastwood, que proporciona una actuación seria, sin estridencias y muy convincente. Por ponerle algún pero, quizás la peli pedía alguna subtrama más elaborada en el pasaje o la tripulación, ya que en algún momento parecen simples personas que pasaban por allí.

    Muy recomendable

  • Doctor Strange: Más de lo mismo pero mucho mejor hecho

    nullEl pasado 28 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la última producción de Marvel Studios, Doctor Strange, englobada dentro de la Fase 3 de Marvel, que se inició con Capitán América: Civil War. Dirigida por Scott Derrikson (Ultimatum a la Tierra, Sinister), se trata de la incursión en el mundo de la magia de Marvel, dejando a un lado los prototipos marvelitas en cuanto a súper poderes adquiridos de variadas maneras, plagados de acción en sus historias. Sin duda, un terreno novedoso para la compañía, que pretende abrir nuevas dimensiones para su universo cinematográfico, a la vez que añade una adquisición de categoría con Benedict Cumberbatch, quien llena la pantalla en cada plano de la película, no solo con su presencia sino con su voz. A pesar de la frescura de la propuesta (se trata de uno de los primeros personaje de Marvel, aunque han esperado hasta ahora para darle vida en la gran pantalla), la película no deja de ser la historia del héroe (súper o no) clásica: auge, caída, iniciación con maestro y redención. Eso si, está muy bien hecho.

    La vida del Dr. Stephen Strange cambia para siempre tras un accidente automovilístico que le deja muy malheridas sus manos. Cuando la medicina tradicional falla, se ve obligado a buscar esperanza y una cura en un lugar impensable: una comunidad aislada en Nepal llamada Kamar-Taj. Rápidamente descubre que éste no es sólo un centro de recuperación, sino también la primera línea de una batalla en contra de fuerzas oscuras y ocultas empeñadas en destruir nuestra realidad. En poco tiempo, Strange, armado con sus poderes mágicos recientemente adquiridos, se ve obligado a elegir entre volver a su antigua vida de riqueza y prestigio o dejarlo todo, para defender el mundo como el mago más poderoso del planeta. (FILMAFFINITY)

    Precedida de mucha expectación por ver al Doctor (Strange) en la gran pantalla, y por qué no decirlo, a Benedict Cumberbatch en el Universo Cinematográfico de Marvel tras dos fases de pelis marvelitas, nos encontramos con la cinta que prometían traería una bocanada de aire fresco a su universo cinematográfico. Y se queda a medias, puesto que aunque técnicamente es un derroche de diseño, producción (ha costado un pastizal), imaginación y efectos especiales, su estructura la hemos visto en innumerables ocasiones: héroe arrogante, caida en desgracia del héroe, instrucción por un maestro del que no se fía del todo, le abren el Ojo (de Aggamotto), enfrentamiento con la amenaza para la que se ha instruido, transformación en la esperanza y redención del héroe. No hay más, no hay sorpresa ni cabe la improvisación ni la novedad. Estructura clásica a tope y apuesta segura para no arriesgarse, a pesar de que pueda resultar tedioso. Sin embargo, son dos las cosas que hacen de Doctor Strange una película superior a la media: Benedict Cumberbatch y la factura técnica del cinta.

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    (DORMAMMU, HE VENIDO A NEGOCIAR…)

    El pasado 28 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la última producción de Marvel Studios, Doctor Strange, englobada dentro de la Fase 3 de Marvel, que se inició con Capitán América: Civil War. Dirigida por Scott Derrikson (Ultimatum a la Tierra, Sinister), se trata de la incursión en el mundo de la magia de Marvel, dejando a un lado los prototipos marvelitas en cuanto a súper poderes adquiridos de variadas maneras, plagados de acción en sus historias. El primero de los grandes aspectos de la película es Benedict Cumberbatch, una adquisión tremenda para el Universo Cinematográfico de Marvel. Solo con su presencia, bueno y con su voz, logra llenar la pantalla y hace que el atuendo del Doctor (Strange) le vaya como anillo al dedo. El es La Película, y se hace difícil pensar que cualquier otro actor le pueda dar vida. Domina la cámara a su antojo, maneja el sentido del humor como nadie (con gestos, no con palabras) y su voz es hipnótica. Quizás, el resto del elenco se encuentren eclipsados por su presencia, ya que una de las mayores decepciones de Doctor Strange es Mads Mikkelsen, muy desaprovechado en esta ocasión, quien se encuentra un poco perdido quizás por la ligereza de su personaje. El resto, simplemente, cumple, como Chiwetel Ejiofor y Tilda Swinton, curiosa en su papel de El Anciano (no sé como la llamarán en la versión doblada), pero la que se lleva la palma de «yo pasaba por aquí y me encontré con esto» es Rachel McAdams, insulsa como ex novia del Doctor Stephen Strange. Y es que a mi esta chica nunca me ha dicho nada, ni me parece buena actriz. Una pena.

    (DORMAMMU, HE VENIDO A NEGOCIAR…)

    El pasado 28 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la última producción de Marvel Studios, Doctor Strange, englobada dentro de la Fase 3 de Marvel, que se inició con Capitán América: Civil War. Dirigida por Scott Derrikson (Ultimatum a la Tierra, Sinister), se trata de la incursión en el mundo de la magia de Marvel, dejando a un lado los prototipos marvelitas en cuanto a súper poderes adquiridos de variadas maneras, plagados de acción en sus historias. El segundo gran aspecto de la película, si no el primero, es su factura técnica y visual espectacular, de las que pocas veces se ve en el cine. La creación de mundos fantásticos, dimensiones paralelas y magias, crea un ambiente de hechicería increíble, unas imágenes psicodélicas que Pink Floyd ya las quisiera para sus conciertos, junto con unos escenarios de una imaginación y un diseño desbordado, como toda la escena que se desarrolla en Londres, que hace que la escena en París de Origen (Christopher Nolan) sea un juego de niños. La producción es enorme, no en vano la cinta se dice que tiene un presupuesto de 160 millones de dólares, y nos lleva a Nepal, Hong Kong, Nueva York y Londres sin despeinarse. Sin duda se trata de la película de Marvel con la mejor factura hasta la fecha. Mención aparte merece la banda sonora de Michael Giacchino, la otra gran adquisición marvelita, cada vez más potente y con más peso en Hollywood, que logra crear una ambientación mágica, nunca mejor dicho, con su partitura. Espero que sea el encargado de sucesivas entregas, como la tercera de Avengers.

    (DORMAMMU, HE VENIDO A NEGOCIAR…)

    El pasado 28 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la última producción de Marvel Studios, Doctor Strange, englobada dentro de la Fase 3 de Marvel, que se inició con Capitán América: Civil War. Dirigida por Scott Derrikson (Ultimatum a la Tierra, Sinister), se trata de la incursión en el mundo de la magia de Marvel, dejando a un lado los prototipos marvelitas en cuanto a súper poderes adquiridos de variadas maneras, plagados de acción en sus historias. ¿Es Doctor Strange la mejor película de Marvel hasta la fecha? Mi respuesta es un no categórico. Se trata de una buena propuesta, con un personaje carismático dentro de los amantes de Marvel, pero la escasa novedad en la historia y en el desarrollo del personaje, hace que veamos lo mismo que ya hemos visto con Iron Man, sin ir más lejos. A pesar de la gran factura técnica, su derroche visual y su sólido guión, que funciona bastante bien (incluida la resolución del time loop), su rígida y clásica estructura le hace que sea otra presentación más de héroe dentro de un universo que, aun necesitado de nuevos personajes, necesita más de novedades e ingenio para traer el esperado aire fresco.

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    Y por si tienes curiosidad, la mejor de Marvel para mi sigue siendo Capitán América: El Soldado de Invierno. Todavía insuperable en su universo.

    (DORMAMMU, HE VENIDO A NEGOCIAR…)

    https://youtu.be/hKorrGOZfBo

    P.D: Los que la hayan visto, entenderán la rallada de Dormammu, he venido a negociar…

  • Un Monstruo Viene a Verme: Un bonito y previsible melodrama lacrimógeno

    607706-monstruo-viene-verme-trailer-poster-oficial-pelicula-j-bayona.jpgEl pasado viernes 7 de octubre se estrenó en nuestras pantallas la nueva película de J.A. Bayona, Un Monstruo Viene a Verme, tras las alabadas El Orfanato y Lo Imposible, y basada en el libro homónimo de Patrick Ness. Precedida de un gran éxito de público y crítica en su proyección en el Festival de San Sebastián, he tenido que esperar a la fiesta del cine para poder verla (y me han tenido que invitar) porque tengo menos pasta que el bolsillo de Carpanta (pero no tanta hambre) y así poder traer la crítica (a ver si las distribuidoras y productoras me invitan a los pases de prensa omvreya!). En fin, dramas aparte, os dejo con mi impresión de Un Monstruo Viene a Verme, que eso sí que
    es un dramita importante, no las mariconadas mias…

    Tras la separación de sus padres, Connor (Lewis MacDougall), un chico de 12 años, tendrá que ocuparse de llevar las riendas de la casa, pues su madre (Felicity Jones) está enferma de cáncer. Por si eso fuera poco, sufre bullying en su colegio por parte de un compañero suyo de clase. Así las cosas, recibe la visita de un monstruo en forma de árbol (Liam Neeson), quien le contará tres historias en forma de parábolas, a cambio de que la cuarta sea su verdad. Todo se agrava con la presencia de su abuela (Sigourney Weaver), fría y estricta, con la que tendrá que entablar relación, incluso vivir con ella.

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    Un Monstruo Viene a Verme confirma la obsesión de J.A. Bayona, considerado como el nuevo Spielberg (otro más), por las relaciones entre madre e hijo, muy en consonancia con la obsesión de su maestro con las familias disfuncionales. La diferencia en este caso recae en el amor con el que Bayona retrata a la figura maternal en su filmografía (no tanto la paternal, protagonista de todas las disfunciones o conatos de). En este caso, la cinta se centra en la relación del joven Connor, con un magistral Lewis MacDougall, y su madre, una anodina Felicity Jones, y su forma de encajar lo inevitable debido a la grave enfermedad de la misma. Y es en ese momento en el que aparece el monstruo, a quien le cede su voz Liam Neeson, para ayudar a Connor a superar el trago duro, muy duro (sic) de dejar ir a una persona amada, a la vez que lograr aceptar la verdad de cada uno y lidiar con las frustraciones.

    La película es un viaje melodramático de tomo y lomo, que ríete tu de algunos de los telefilmes de la hora de la siesta. Acompañamos al sufrimiento del niño durante todo el metraje de la cinta, nos sitúa en una predisposición a la lágrima constante desde el primer minuto, porque sabes cuál es la resolución desde los títulos de crédito. Y ese es el principal problema de la cinta, la falta de sorpresa o de esperanza, ya que todo en ella es desesperanzador, lacrimógeno, degenerativo, sientes pena por el chaval y llega un momento en que quieres que se acabe ya (justo lo que le pasa al protagonista de la película). La desazón te invade y deseas convertirte en un alma caritativa para repartir kleenex a toda la sala.

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    Dos cosas destaco de Un Monstruo Viene a Verme. En primer lugar, las buenas interpretaciones, en especial la del chaval, pero por encima de todas la de Sigourney Weaver, imperial a la hora de interpretar a la abuela estricta, pero que profesa un amor enorme a sus criaturas, primero su hija y después su nieto. Una pena que Felicity Jones, a pesar de ser el eje emocional de la película, quede muy en segundo plano, eclipsada por Weaver. Y en segundo lugar, destaco la factura técnica de la peli, de muy alta calidad, sobre todo los momentos de los cuentos del monstruo, en formato animación con estilo acuarela. Sin duda, un aire fresco entre tanto pesar, dolor, agonía e ira. El monstruo esta bien hecho, aunque pueda parecer un heredero directo del Bárbol de Tolkien. Los FX cumplen en el sentido de mezclar realidad con situaciones oníricas, destacando los momentos en que aparece el monstruo en primer plano, y como he comentado, el diseño que tienen las historias del Monstruo.

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    Sin duda, Un Monstruo Viene a Verme se trata de una película muy por encima de la media, con interpretaciones soberbias, con una factura técnica impecable, con un guión sólido, pero que falla en el desarrollo de la misma, convirtiéndose en un viaje lastimero y lacrimógeno hacia un final anunciado e inevitable. Resulta un poco reiterativo la temática del  amor maternal en la filmografía de Bayona. Espero que para su siguiente proyecto, la secuela de la taquillera Jurassic World, no se centre en la búsqueda y reencuentro de un velociraptor chavalín con su madre.

    Los que sean de piel fina, pasarán un mal trago al final. Los que no, se aburrirán (e incluso rechazarán) el mundo “real” que nos muestra la peli, ya que se alarga hasta puntos demasiado forzados para provocar el derrame de lágrima, estirándolo hasta las últimas consecuencias. Por el contrario, esperarán la siguiente historia del monstruo como agua de mayo (qué pena que sean solo 3!) y sentirse cómodos con la portentosa visión estética de Bayona. Para los primeros, cambiad las palomitas por kleenex, que los vais a necesitar, como casi toda la sala donde la vi yo.

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    Si, sé qué estas pensando, ¡claro que no lloré! Los tipos duros no lloran… Ni miran hacia atrás en las explosiones.

    https://youtu.be/ptYYrA6bbIY

  • Cazafantasmas 2016. Un remake innecesario que no aporta nada

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    El próximo 12 de agosto llegará a nuestras pantallas la esperada por alguno, repudiada por otros, Cazafantasmas, el remake del clásico de 1984, y en esta ocasión estará protagonizado por mujeres. Los Bill Murray, Dan Aykroyd, Ernie Hudson y Harold Ramis dan paso a Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y Kate McKinnon, que se ponen a las órdenes de Paul Feig, autor de la entretenida Espías, y quien cuenta siempre con Melissa McCarthy para casi todas sus películas.

    La física cuántica Erin Gilbert (Kristen Wiig) y su compañera Abby Yates (Melissa McCarthy) llevan toda la vida estudiando lo paranormal. Así que, cuando aparecen fantasmas por todo Manhattan, no se lo piensan dos veces, y organizan un nuevo grupo de Cazafantasmas, al que se suman la ingeniera Jillian Holtzman (Kate McKinnon) y Patty Tolan (Leslie Jones), una taquillera del metro que conoce cada rincón de Nueva York. Ahora que los fantasmas están causando pánico y terror por toda la ciudad, el trabajo de estas cuatro mujeres va a ser imprescindible para salvar el mundo.

    Voy a intentar hacer una crítica constructiva de la película, dejando de lado cualquier haterismo que me caracteriza sin fundamento, sin dejarme llevar por la corriente destructiva de las redes sociales e internete, que han crucificado la película desde el primer día en que el proyecto daba sus primeros pasos, con su culmen cuando se publicó el primer trailer.

    Dicho eso, Cazafantasmas 2016 es un truñaco, de principio a fin, sin paliativos, sin medias tintas, además de innecesario.

    Melissa McCarthy;Kristen Wiig;Kate McKinnon;Leslie Jones

    Cazafantasmas se trata de un remake puro y duro, con la misma estructura que la original: la reunión de los amigos que comparten el gusto por lo paranormal, la aparición del primer fantasma, la unión de los mismos con el primer caso que les hace famosos, el descrédito de las autoridades, el aviso de que algo chungo va a pasar y el consiguiente pasotismo, y la traca final con fantasmas por doquier y a salvar el día. La diferencia fundamental en este caso es la marcada vertiente cómica, tanto en los diálogos como en algunas de las situaciones que se nos presentan (ridícula la escena de McCarthy dando botes con los rayos de protones). Lo que en la original era algo secundario y natural en sus actores y en sus diálogos, en Cazafantasmas 2016 es la piedra angular en la que se basa. Y ese es uno de sus grandes problemas: hay diálogos ridículos, situaciones que no tienen gracia, chistes chorras y demás puñetas. Además, Melissa McCarthy, que normalmente me gusta, está muy forzada en muchos momentos, no como Kristen Wiig, que es la número 1 en lo que a comedia se refiere, y es la que le da los mejores ratos a la peli. Mención aparte para Kate McKinnon, cuyo personaje es el alter ego de Egon Spengler (el gran Harold Ramis), que empieza como un personaje cargante y muy estrafalario, pero que al final se redime con un par de situaciones graciosas.

    El malo de la función es muy penoso, personaje plano que no aporta nada ni tiene ninguna motivación más que liberar a muchos fantasmas para que acaben con la Humanidad. Carente de todo sentido del humor, dista mucho de los buenos de Rick Moranis como el Maestro de las Llaves, y de Sigourney Weaver como la Guardiana de la Puerta, con Gozer acechando… En fin… Y ojo, el fantasma malo, malo, es el fantasma del logo de Cazafantasmas. Y luego está por ahí Thor, haciendo un papel de secretario tonto buenorro, que supongo será la crítica al maniqueista-machista cliché de las mujeres secretarias tontas. Sus chistes son los peores y los más fáciles.

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    Por lo demás, Cazafantasmas 2016 es normalita, tirando a mala de narices. Todo lo que tenía la original, situaciones, conversaciones, personajes, ha sido dado la vuelta para adaptarlo a mujeres y a humor Saturday Night Live actual. Si, seguro que me muchos me diréis que Bill Murray, Dan Aykroyd y Harold Ramis también venían de SNL, pero el humor no era la base en la que se fundamentaba la Cazafantasmas original. Es la gran diferencia. Se trataba fundamentalmente de una peli canalla, con personajes canallas (sobre todo Bill Murray), no comedia rozando el alocado que hoy tenemos en pantalla. Por cierto, hay cameos de todo el cast original, incluido un busto de Harold Ramis, y es que los homenajes constantes durante el metraje de la película consiguen que añores mucho más la original a medida que avanza la película, y pienses: ¿Por qué, Dios mio… Por qué?

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    No sé si he sido capaz de hacer una crítica constructiva. Es posible que lo bueno de la peli me lo perdiese en las dos cabezadas que no pude evitar (es que las butacas de la sala de Sony te absorben). Quizás las nuevas generaciones, cuya infancia no se vieron marcadas por el clásico inmortal, la encuentren graciosa y les parezca entretenida. En mi caso, e intentando ser lo más constructivo posible, no le encuentro la gracia por ningún lado, ya que se ha convertido en una comedia sin pies ni cabeza. Lo mejor, la camiseta de Cazafantasmas que me regalaron después de la proyección. Quizás si la lave muchas veces muy seguidas, consiga que tome aspecto de vintage y mis colegas se crean que es de 1984 (cual filtro de Instagram).

    En resumen, condenando las posturas machistas de insultos en las redes sociales a sus protagonistas, dejando de lado el haterismo, Cazafantasmas 2016 es Una P*ta M*erda.

    https://www.youtube.com/watch?v=NyxISI-1SFA

  • Star Trek: Más Allá. Star….. ¿Qué?

    Gracias a nuestros amigos de Paramount España, pudimos asistir al fan screening celebrado en Madrid de la nueva entrega de Star Trek, esta vez llamada Más Allá. Rodeado de un buen número de fans, perfectamente ataviados con sus indumentarias reglamentarias de la Federación (envidia sana), Alaska y Mario Vaquerizo presentaron el evento, con algo de retraso (me refiero a la hora prevista, malpensados), ante la expectación del público allí reunido. Pocos podían imaginar que la presentación de R2D2 y C3PO vaticinaba el cambio que ha experimentado Star Trek, más hacia Star Wars que al mantenimiento de la filosofía de la propia saga.

    Star Trek: Más Allá nos cuenta una nueva aventura de la tripulación USS Enterprise, la nave insignia de la Flota Estelar liderada por el capitán James T. Kirk (Chris Pine), que se encuentra en mitad de su misión de 5 años en el espacio, asegurando la protección de la Tierra y del resto de planetas aliados, mientras contactan con nuevas formas de vida. Pero la tranquilidad durará poco. La primera etapa de su misión les llevará a un territorio desconocido, y su travesía de vigilancia pronto se convertirá en una carrera por la supervivencia espacial cuando se enfrenten a un nuevo y fiero enemigo, Krall (Idris Elba), una especie alienígena avanzada. Para frenar sus siniestros planes, Kirk deberá reunir a su equipo y usar todo sus recursos para resolver los desafíos a los que se enfrentarán. A la vez que intentan encontrar el modo de volver a la Tierra, su misión será proteger el futuro de la raza humana y preservar la armonía entre especies.

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    Tras las dos primeras entregas dirigidas por J.J Abrams (curioso que se haya pasado a Star Wars), en esta ocasión es Justin Lin (Fast & Furious 3, 4, 5 y 6) el encargado de la dirección, mientras que el elenco de la nave Enterprise se mantiene igual: Chris Pine, Zachary Quinto, Simon Pegg (responsable del guión), el malogrado Anton Yelchin, John Cho (con sorpresa raruna), Zoe Saldanha, Karl Urban, con la inclusión de Sofia Boutella e Idris Elba como el malo de la función. La primera, Star Trek, estaba entretenida como reboot de la saga. La segunda, Star Trek: En la Oscuridad, se aventuraba un giro a la acción en lugar de la pausa característica de la saga. Con Más Allá, el cambio se consuma, lo que en mi opinión, deja de ser Star Trek para convertirse en otra cosa, que poco o nada tiene que ver con la idea original de Gene Roddenberry.

    Y ese es el mayor problema de la película, la reducción de un universo tan rico como el de Star Trek, con una premisa pacifista, civilizada, estratega, política, humanista e incluso metafísica, a una cinta de pura acción, adrenalina disparada, con los personajes memorables de la saga reducidos a la mínima expresión de los clichés clásicos, con momentos esperpénticos impropios de la franquicia, marcados sobre todo en la acción, con estilo anuncio de Red Bull. Y eso que el comienzo de esta nueva entrega, con la narración de Chris Pine acerca del tiempo en el espacio, prometía recuperar ese  espíritu de la saga, pero nada más lejos de la realidad.

    Y es que, tras esa falsa promesa, nos encontramos con que las crisis diplomáticas típicas de la saga, se han reducido a un espectáculo de acción sin respiro, desde que comienza la película hasta que acaba. Incluso esta acción es de Red Bull, cambiando tablas de surf por naves de la Federación surfeando por dentro de una ola formada por un enjambre de naves enemigas, mientras dispara a discreción, con el capitán Kirk haciendo demostración de su dominio del motocross, o con saltos al vacío del estilo de los wingsuits, pero con uniformes de la Federación. Yo, que soy trekkie, no daba crédito, y pensaba que Star Trek cada día se parece más a La Guerra de las Galaxias por la acción sin complicación, y Star Wars (actual) se parece más a Star Trek, por la vertiente metafísica-filosófica de todo lo que rodea a La Fuerza. En fin, el mundo al revés.

    Los personajes clásicos en el universo Star Trek han quedado reducidos a clichés, a caricaturas de lo que eran. Las discusiones morales-humanas-lógicas entre Spock y Kirk son nulas, no existen, y se reducen al comentario gracioso de turno. Mención especial en este sentido son los personajes de Montgomery Scott (Simon Pegg), con un constate “nena” en la boca y dueño de los chistes más tontos de la peli, con permiso de la relación ridícula, exagerada y “tronchante” de Bones McCoy con Spock, basada en el sentido del humor y carente de cualquier reflexión humanística. Personajes sin motivaciones personales, con tiempo en pantalla desaprovechado (pienso en el pobre Anton Yelchin) o encasillamiento de los mismo, como el caso de Zoe Saldanha, que lo mismo le da hacer de Uhura (ahora ya es Nyota para los anales) que de Gamora. En este sentido, hay gente que compara a Star Trek: Más Allá con Guardianes de la Galaxia, y no encuentro dos franquicias más alejadas una de otra, sobre todo en la construcción y motivación de los personajes, pero que es evidente que, debido al éxito de Peter Quill, el capitán Kirk de hoy en día quiere seguir sus pasos, erróneamente, claro.

    Echo en falta la esencia de Star Trek: decisiones morales, humanistas, tácticas y calculadas. Todas las películas de Star Trek tienen su acción, está claro, pero no es el tema principal de las mismas. Echo en falta a los Klingon. Echo en falta a las naves enfrentadas con escaramuzas mientras esperan una solución diplomática en tierra a los conflictos culturales provocados por el desconocimiento, el primer contacto intercultural o las consideraciones filosóficas de los actos. Eso se ha perdido en medio de láser, naves, explosiones y demás fuego de artificio. Esa esencia ha dejado paso a un refrito de “inspiraciones” de otras sagas galácticas, tanto del celuloide como de los videojuegos (impagable la estación Yorktown, sacada de las entrañas de Mass Effect y su Ciudadela). Y lo que es peor, se acumulan momentos ridículos, como uno que os recordará a Mars Attacks y la música.

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    El problema de Star Trek: Más Allá es que esto no es Star Trek. Es otra cosa completamente diferente. Si me pones esta historia con otros personajes, con otro nombre diferente, puede que sea una peli entretenida, sin más, a pesar de la manía de meter la cámara en una lavadora, que junto con la oscuridad y los flases, hacen que no te enteres de las cosas que pasan. Porque si, tiene cosas buenas, aunque eclipsadas por el fallo (grave) de concepto y de base. Los efectos especiales son buenos y espectaculares por momentos (sobre todo, la presentación de la estación Yorktown), la banda sonora de Michael Giachinno es buena, y la resolución es interesante, incluso si me apuras, el malo también lo es (en eso, si es muy del estilo de Star Trek, aunque ya lo haya visto en Sunshine).

    Pero, aun con esas, Star Trek: Más Allá no es Star Trek.

    https://youtu.be/nfa6vFVxT_I

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  • Dioses de Egipto. Porque, Ra??? Porque?!?!?

    490182El pasado (muy pasado) 22 de junio llegó a nuestras pantallas (y portátiles) la nueva película de Alex Proyas, un tio que ha hecho pelis de la altura de Dark City, El Cuervo o Señales del Futuro, llamada Dioses de Egipto. En esta ocasión cuenta en sus filas con un reparto de mucha altura, encabezado por Gerard Butler (300, Gamer), junto a Nikolaj Coster-Waldau (Juego de Tronos, Oblivion), Geoffrey Rush (Piratas del Caribe), Brenton Thwaites (La Señal), Chadwick Boseman (Capitán América: Civil War) y Elodie Yung (Elektra en Daredevil, la serie). Por los trailers que pudimos ver, ya se intuía que la película tenia una pinta muy chunga, con una adaptación de los dioses egipcios en plan Transformers mezclados con Caballeros del Zodíaco. Todos nos quedamos cortos.

    La supervivencia de la humanidad pende de un hilo, pero Beck, un héroe mortal, está decidido a salvar el mundo y a rescatar a su verdadero amor. Para conseguirlo busca la ayuda del poderoso dios Horus, con el que establecerá una alianza contra Set, el despiadado dios de la oscuridad que ha usurpado el trono de Egipto, sumiendo al país en el caos. Para ganar la batalla contra Set y sus secuaces tendrán que someterse a terribles pruebas de valentía y sacrificio.

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    Voy a intentar ser lo más correcto posible… Dioses de Egipto es un engendro, con todas las palabras, sin pies ni cabeza, lamentable en su propuesta, ridículo en su ejecución, que provoca risas, pero de vergüenza ajena. El espectáculo visual es tan lamentable que la palabra producto de serie B adquiere otra dimensión. Los efectos CGI sin ton ni son, están tan mal elaborados, son tan ridículos, que sus responsables merecen programar videojuegos para móviles en Siberia. El guión es tan ridículo y tan presuntuoso, que los guionistas merecen dedicarse a escribir instrucciones de uso de mandos a distancia. Las actuaciones son tan de vergüenza ajena, que sus responsables deberían retirarse inmediatamente.

    Poco más se puede decir de lo que es, sin duda ninguna, la peor película que he visto nunca, por encima de El Fin de los Dias, si, la de Schwarzenegger en la que ha perdido la fe y demás. Lo que no consigo entender es como un tío como Alex Proyas, que algo de idea de como hacer una peli, es capaz de perpretar semejante disparate. En cuanto a Gerard Butler y compañía, supongo que tienen muchos gastos que pagar, y necesitaban la pasta. Que espectáculo más lamentable. Nada que salvar de la peli, bueno si, descubrirme a Courtney Eaton.

  • Infierno Azul. La actualización-fantasmada de Tiburón

    nullEste viernes se estrena en nuestras pantallas Infierno Azul, de Jaume Collet -Serra (La Huérfana, Sin Identidad, Non Stop), con Blake Lively (The Town, El Secreto de Adaline) como principal protagonista, junto con un tiburón que se las hará pasar canutas durante la cinta. La peli nos cuenta la historia de Nancy (Blake Lively), una joven que trata de superar la pérdida de su madre. Un día, haciendo surf en una playa solitaria se queda atrapada en un islote a sólo cien metros de la costa. El problema consiste en que un enorme tiburón blanco se interpone entre ella y la otra orilla.

    Es inevitable comparar Infierno Azul con la obra maestra de Steven Spielberg Tiburón, pero las diferencias, sin embargo, son abismales. Mientras que el clásico de Spielberg apuesta por el enemigo silencioso, el ritmo pausado y la acción in crescendo, Infierno Azul muestra sus cartas desde los primeros minutos, sin dejar espacio al desasosiego o la inquietud, se entrega al ritmo videoclip y al susto del monstruo, y derrocha grandes localizaciones y ambientación. Y todo hay que decirlo, aunque chirría un poco, al final juega a su favor, ya que hablamos se convierte en una actualización de Tiburón al estilo de cine actual, rápido, de sustos y realista en lo que a heridas se refiere (al que le dedica un pasaje de la película muy bien ejecutado). Por lo demás, se trata de situaciones en muchos casos frenéticas, montadas con rapidez de imágenes, que te recuerdan cómo ha cambiado el cine en los últimos 40 años (joder, que mayor soy…)

    El comienzo de la película es portentoso, gracias a las localizaciones y al gran trabajo de la segunda unidad en ese aspecto, y logrando que la playa sin nombre sea la gran protagonista de la primera media hora de la peli. El otro gran protagonista es el montaje, donde destaca la superposición de video llamadas, whatsapps y relojes, explicándote el trasfondo de la protagonista en apenas unos minutos, en un derroche de originalidad y de montaje. El trabajo de Blake Lively es bueno, pero no podemos perder de vista que en el momento en que pone pie en la playa, su cuerpo es el principal protagonista, con el neopreno ajustado, la forma de quitarse el pantalón y demás (no llega a los niveles de Megan Fox en Transformers, pero ahí, ahí). Por lo demás, su trabajo es bastante bueno. Pero me quedo con el ratito que sale Oscar Jaenada, muy gracioso en su papel. En cuanto al tiburón, se hecha en falta algún animatronic, ya que está completamente generado por ordenador, y en algunos momentos canta bastante, pero bueno, supongo que les saldría más barato.

    Uno de los puntos a favor de la película es su factura, la mejor hasta la fecha de Jaume Collet-Serra con mucha diferencia. Consigue trasladarte a la playa y meterte en la situación, empatizando con el personaje y dándote ganas de salir corriendo en busca de esa playa. Gran calidad en la imágenes, rodaje muy interesante de surf, gran montaje y buena música hacen que disfrutes del comienzo de la película. A partir de ese momento, el desarrollo es otra historia por culpa de esa actualización al cine moderno de Tiburón. Si tiene puntos a favor, como la estética, el montaje, la música o las localizaciones, los tiene también en contra, como el desarrollo de la acción, con situaciones más bien poco creíbles, posicionado más bien en el mundo de la fantasmada. El tiburón no se le presenta, no tiene peso en la historia, y simplemente se utiliza como elemento del susto. Es como si a las pelis de miedo actuales, le cambias el susto que te da el fantasma por un tiburón. En especial una escena en concreto, en que parece que la Lively se ha salvado de una situación límite, y al girar la cámara, sustaco del tiburón. En fin, muy fuera de tono.

    La fantasmada continúa con la gran fauna marina que existe en esa playa, desde ballenas hasta medusas que se iluminan en la oscuridad, y que el tiburón no puede atravesar. Pero el culmen de la fantasmada viene con la resolución de la película, que deja bien a las claras cuál es la intención de la película: la mujer contra el monstruo. La verdad, me dio mucha rabia, porque no está a la altura de la factura de la película, y te deja un sabor amargo por no haber sido algo más inteligente.

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    En resumidas cuentas, Infierno Azul es una cinta entretenida, con una factura técnica muy buena, una muy buena dirección, montaje y un gran trabajo de la segunda unidad en las localizaciones, pero que el desarrollo y las situaciones fantasmadas le quitan muchos puntos. Aun así, se trata del mejor trabajo hasta la fecha de Jaume Collet-Serra, que las nuevas generaciones, acostumbradas a las películas actuales de sustos (no de miedo), disfrutarán mucho, pero aquellos que vibramos con Tiburón, nos parecerá una actualización anabolizada fantasmal del clásico de Spielberg. Ya se sabe, cualquier comparación es odiosa.