Amigos marvelitas. Los Vengadores ya están aquí, y han llegado a nuestras pantallas de cine por la puerta grande. Muy grande. Vengadores: Infinity War es la primera parte del culmen de todo el Universo Cinematográfico de Marvel, es la razón de ser de 10 años de mejores o peores películas, que comenzaron allá por 2008 con Iron Man, y que culminará con el estreno de la continuacion de Infinity War, allá por mayo de 2019. Para cuando llegue ese dia, 3 fases después, el mega proyecto de Marvel, el dominio de las salas de cine por parte de Disney será total. Triunfo sin paleativos y sin posibilidad de debate en contra. Jaque mate.
Vengadores: Infinity War nos trae a todos los superhéroes que hemos visto a lo largo de las 3 fases de Marvel. Bueno, todos no. Ant-Man y Hawkeye no se darán cita en esta ocasión, pero seguro que les veremos en la secuela. En esta ocasión, los Vengadores se reunirán para combatir a la amenaza llamada Thanos, que como os podéis imaginar, tiene la super original intención de destruir la Tierra. Bueno, no, tan solo la mitad, modus operandi del Titán Loco. Los Guardianes de la Galaxia, los ex agentes de la acabada S.H.I.E.L.D, el asgardiano, Tony Stark, el maestro de las artes místicas, Spider-Man y compañía, intentarán evitar que Thanos se haga con las 6 Gemas del Infinito y convertirse en el ser más poderoso (y genocida) del Universo, capaz de aniquilar la mitad de la población con el chasquido de sus dedos.
Tras la decepción de La Era de Ultrón, de la mano de Joss Whedon, había muchas esperanzas con la nueva entrega de los Vengadoras cuando el proyecto acabó en manos de los hermanos Russo, directores de dos de las mejores entregas del MCU, las dos últimas películas del Capitán América: El Soldado de Invierno y Civil War, esta última una especie adelanto de los Vengadores, que puso las bases de lo que es Infinity War. Los Russo consiguieron crear, tanto en aquellas como en esta nueva entrega, un equilibrio fantástico entre acción (con unas escenas muy logradas y muy bien coreografiadas), comedia (muy endogámica, como siempre, pero que funciona muy bien, y que Rian Johnson ha querido tomar prestado para esa cosa infame llamada Los Últimos Jedi) y drama (todas sus pelis del MCU tienen momentos bastante dramáticos que afectan al desarrollo de la trama y del Universo en si). Estos tres aspectos son tres constantes que no solo aparecen en las cintas de los Russo, sino que se mantienen en todo el MCU, y tienen su apogeo en esta entrega de los Vengadores.
Cuando compras una entrada para ver Vengadores: Infinity War, estás comprando un boleto para subirte en la montaña russa de los Russo (malísimo, lo se… Sorry). Durante las casi 3 horas de duración, vamos a reir con el humor ya característico de la saga, con protagonismo en este sentido de Peter Quill (Chris Pratt) para variar, pero sobre todo con Drax (Dave Bautista), el roba escenas de la película. Subiremos hasta la cúspide de la acción, con Thor (Chris Hemsworth), Iron Man (Robert Downey Jr.) y el Capitán América (Chris Evans) como abanderados, y es que la película no engaña a nadie, y desde que comienza hasta que acaba, seremos testigos de incontables batallas, con apariciones de personajes que hacen levantarte de la butaca con ganas de aplaudir por lo épico de sus apariciones (dos veces). Y también descenderemos la pendiente de la parte dramática, en esta ocasión gracias a Thanos, por fin un personaje malvado a la altura del MCU, algo muy criticado en todas sus películas. Y eso sí que es una novedad.

Sería injusto no dedicarle unas líneas al personaje de Thanos, que bien se las merece. A pesar de que no haya tenido muchas apariciones a lo largo del MCU, salvo en escenas postcréditos y unos minutos en Guardianes de la Galaxia, el Titán Loco se convierte en el centro de la película, no sólo por ser el antagonista principal, sino por su construcción como personaje, ya que es quien aporta toda la vertiente dramática de la película. Suya es la línea argumental más interesante de la cinta, línea que sorprenderá a más de uno y que, cinematográficamente, es acongojante. Y mucha culpa la tiene el CGI y cómo está hecho el personaje, ya que en muchos momentos se te olvida que no es un personaje real, y sorprende el realismo de su factura. Y por cierto, una mención más que merecida también para el personaje de Peter Dinklage, que se mantuvo en secreto y una vez vista la película, se entiende por qué. Memorable.
Y hablo de las líneas narrativas, así, muy en plural, ya que una de las consecuencias de que se junten tantos personajes en una película es que sea necesario crear diferentes líneas argumentales en diferentes lugares, para dar cabida a todos los miembros de los Vengadores. Y puede suponer un problema, sobre todo cuando en cada espacio hay batallas a diestro y siniestro. Puede costar un poco seguir el ritmo, puedes acabar extasiado de tanto cambio entre lineas, y ahí el montaje debe ser excepcional, y en este caso, no lo es del todo. No es que sea malo, pero tampoco es lo suficientemente preciso para enlazar lugares, argumentos y personajes diferentes. Así, te puedes encontrar con cortes muy rápidos en mitad de escenas intensas, aunque posteriormente, su resolución tengan una presentacion muy épica. No nos engañemos, el resultado final es espectacular, pero un poco deslavazado. Y por cierto, seguramente dejen para la secuela el plano con todos los protagonistas juntos, objeto de deseo de todos los amantes del MCU, que son muchos a lo largo de estos 10 años.
Obviamente, otra de las consecuencias de tantos personajes es que algunos tengan muy pocos minutos en pantalla, como es el caso de Black Widow (Scarlett Johansson), Nébula (Karen Gillan), War Machine (Don Cheadle) o Falcon (Anthony Mackie), que pasan a ser muy secundarios, en beneficio de Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen) y Vision (Paul Bettany), cuya línea argumental es, para mi, la peor de la película y muy metida con calzador. Lo que está claro es que la Trinidad de MCU son Capitán América, Thor y Iron Man, seguidos a distancia por el nuevo Peter Parker encarnado por Tom Holland (una de las mejores cosas que le ha pasado en MCU), Bruce Banner y su Hulk, y el más que sorprendente Doctor Strange (mucha culpa la tiene Benedict Cumberbatch), quien tiene alguno de los mejores momentos de la película, sobre todo en lo que a posturitas y gestos se refiere.
En resumen, Vengadores: Infinity War es una montaña rusa de emociones, que pasa del humor al dramatismo, pasando por muchas dosis de acción, pero mucha. Se trata de un brillante ejercicio de puesta en escena de 10 años de trabajo por parte de Marvel, de películas a las que muchos tachan de infantiles y sin sustancia, pero que son muy entretenidas y que se consideran ya como un género propio. Sí, es cierto que muchas parecen calcos entre ellas, con la estructura típica del Periplo de Heroe de Campbell, pero que si se caracterizan de algo es que son entretenidas, cumpliendo con una de las finalidades del cine, el entretenimiento.
Infinity War, en estos momentos la película más taquillera en el fin de semana de su estreno de la historia (630 millones de dólares en todo el mundo), es el primer paso hacia la culminación del proyecto más ambicioso de la Disney y Marvel, y casi de la historia del cine comercial. Es el propósito de esta última década desde el estreno de Iron Man, y cumple con creces y de manera brillante su cometido, a pesar de que por momentos podemos sentirnos abrumados por la cantidad de líneas argumentales, personajes y chistes. Y digo que es el primer paso puesto que, visto lo visto, el culmen de la milimétrica planificación del MCU y Disney en estos 10 años, se verá traducido en Avengers 4. Y solo queda un año para poder disfrutarlo. Hasta entonces, que disfrutéis de Vengadores: Infinity War.


Joseph Campbell, tras analizar diferentes cuentos, llegó a la conclusión de que en el monomito, el héroe arranca siempre desde su mundo ordinario y anodino. Éste recibe una llamada para penetrar en otro mundo, desconocido y lleno de acontecimientos mágicos y extraños para él. Tras aceptar la llamada, debe enfrentarse a pruebas o algún tipo de entrenamiento, solo o acompañado, por el que recibirá un gran regalo, don o poder. Después, el héroe decidirá qué hacer con ese don, es decir, volver a su mundo ordinario y mejorarlo, o quedárselo y emprender otros viajes, en los que siempre se enfrentará a nuevos problemas. Seguro que en este momento os vienen a la cabeza películas como Matrix, Willow, Doctor Extraño, Harry Potter, El Señor de los Anillos o El Reino de los Cielos.










El 29 de septiembre se estrena en España Madre!, la nueva película escrita, dirigida y producida por Darren Aronofsky (Cisne Negro, Noé), y protagonizada por Jennifer Lawrence (Passengers, Los juegos del Hambre), y Javier Bardem (Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, Skyfall), junto a Michelle Pfeiffer (Sombras tenebrosas) y Ed Harris (El Renacido). Madre! Presenta a una pareja compuesta por un poeta en horas bajas y su esposa viven en una casa de campo aislada de la ciudad. Su relación se pone a prueba cuando reciben la visita de un extraño y su mujer, que un inesperada día hacen acto de presencia en su hogar. Desde ese momento, su existencia quedará perturbada por completo. Por otra parte, también logrará que el poeta recupere su inspiración perdida y empiece a escribir la obra que le traerá la fama que tanto deseaba.


sin necesidad de lanzar información innecesaria. Como he dicho al principio, las metáforas en Madre! son muy marcadas, pero si bien considero que la película tiene una de las mejores secuencias que he visto en mucho tiempo, también tiene una de las peores, esta última no porque no quede clara o esté mal hecha, sino porque su ejecución es terrible, cosa que sorprende porque la secuencia clímax de la película es, en mi opinión, una obra maestra bizarra y tan real como la vida misma. En esta misma secuencia, que es la mejor de toda la cinta, se representa al ser humano de la forma más auténtica posible; cómo la casa de Madre (y ella misma) representa tan bien la tierra, y como los humanos la destrozan sin piedad y esperan a que Madre haga algo nuevo; cómo no importa la naturaleza hasta que se necesita. Otro punto interesante del guión, es la poca información de los personajes y de la situación de estos, así como el lugar donde se desarrolla. Es interesante porque al salir de la sala uno se da cuenta de que no era necesario esa información, y eso no es algo fácil de conseguir. La marca del director estadounidense está en sus imágenes, en sus movimientos de cámara y en la intensidad con la que siempre hace sus películas, por eso la alegoría final, las relaciones visuales y el resto de simbolismo, aunque pomposo en varias ocasiones, queda bien en pantalla.

El pelotazo que supuso El Quinto Elemento le permitió hacer realidad el sueño de llevar a cabo su proyecto más personal: Juana de Arco. De nuevo contó con Milla Jovovich y con un reparto estelar, pero supuso un batacazo brutal que ni siquiera recuperó en taquilla lo que costó. Y lo que es peor, casi acabó con su carrera. Tras esa, su vuelta más destacable fue con un thriller de ciencia ficción protagonizado por Scarlett Johansson llamado Lucy, una suerte de Ghost in the Shell, pero que tampoco alcanzaba la calidad que una vez tuvo el cine de Besson.






Y claro se lo llevan detenido porque no puede uno andar indocumentado por la vida, a quién se le ocurre. Como es un tío ocupado, y los minutos corren, se salta la cola del carnet porque rey se nace. Todo iba sobre ruedas, hasta que llega a la espada y claro, le capturan porque Beckham está comentando el último derby y lo tiene fichadísimo que sabe que es hincha del West Ham United y lo lleva fatal.















Rodeada de mucha expectación debido a las buenas críticas cosechadas allende los mares, llega a nuestras pantallas Wonder Woman, la película en solitario dedicada a la heroína de DC Comics, Diana Prince, princesa de Themyscira e hija de Hipólita, después de que tuviese su puesta de largo en la 




La saga Piratas del Caribe se ha convertido en una de las franquicias más rentables y más importantes para Disney. Tras un fiasco de crítica con En Mareas Misteriosas (que no de taquilla, ya que superó los 1.000 millones de dólares de recaudación mundial), la saga vuelve de la mano de dos directores noruegos (de nombres impronunciables) y responsables de la entretenida Kon-Tiki, pero también de la nefasta Bandidas (se llaman Joachim Rønning y Espen Sandberg, que he tenido que mirar en Google). Se trata de Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar, la quinta entrega de la saga sobre una atraccion de Disneyworld, y cuenta en sus filas con Jack Sparrow, haciendo de Jack Sparrow, en la película de Jack Sparrow, a quien le acompañan otros que no son Jack Sparrow. Y Geoffrey Rush pone el talento.